¡Cállate, niña!

Sí, se trata de la canción de Pic-Nic, publicada en 1968 y que encarna maravillosamente la voz de una jovencísima Jeannette, que fue quien la compuso, al parecer sobre la base de una nana tradicional inglesa.

La música es sencilla, pero muy afortunada. Pasa el tiempo bien por ella, me sigue produciendo placer escucharla, con esa segunda voz masculina, que a veces duplica y otras replica el fraseo de la muy atractiva voz femenina, dotada de un timbre aniñado y una pronunciación levemente anglosajona -que resultó rompedora-  y los arreglos musicales bien equilibrados, con las  intervenciones de la armónica y de detalles tan sutiles como esas notas de -xilofón sintetizado me parecen- que van colocando mojones en la melodía.

Es la letra la que cada vez que la escucho me sigue produciendo una cierta desazón y   asombro, desde que tomé conciencia de lo que decían las palabras: ¡Cállate, niña, no llores más, tu sabes que mamá debió morir! ¡Caramba, no parece la mejor frase que a uno se le ocurra decir a una niña que ha perdido a su madre! Más bien, en cambio,  sólo con esta frase, en la primera estrofa, lo que ocurre es que uno se queda un poco perplejo y se da cuenta de que no es un éxito insustancial más del verano que trata del amor juvenil, sino que hay una madre muerta y, además, ¡debía morir!

Más por curiosidad que por interés espera que a continuación le cuenten por qué, pero no, eso no ocurre, aunque la narración sigue introduciendo factores, pero que más bien  acaban por enredar lo que el que escucha va deduciendo: …ya desde el cielo te cuidará. Nunca sabrás cuanto sufrió, ahora ya, duerme sin fin. Es mejor que sea así, no llores, no llores más…Tu la puedes consolar…tu la debes consolar. Yo quería a tu mamá, y también a tu papá. Rezaré sólo por ti, calla niña, no llores más. Así, habla de la madre que aun muerta la cuidará, y justifica ese trágico fin por su sufrimiento, lo que hace pensar en alguna terrible enfermedad… Pero acto seguido resulta que también el padre parece haber muerto…¡Vaya, pues quizá no fuera una enfermedad sino un horrible accidente, pero entonces pierde sentido que tuviera que ser así, que fuera lo mejor que debía pasar, salvo que -nueva senda dolorosa- sí estuvieran los dos definitivamente muy enfermos y se hubieran suicidado!…¡Claro, que puestos a suponer, la madre podía efectivamente haberse suicidado, pero no por estar fatalmente enferma, sino por el dolor del abandono de su marido, lo que justificaría esta segunda ausencia. Aunque bien podría ser una historia más dulcemente romántica y el desaparecido por enfermedad fuera él y ella, destrozada sí, la suicida. Si bien nada impide pensar que el orden de los factores fuera el inverso; no alteraría el producto.

Y quien al principio podría pensarse que se dirige a la niña, la voz que canta, un amigo o amiga, o un familiar próximo, empieza a parecer que puede ser una persona religiosa, porque, antes que otros ofrecimientos, dice a la niña que rezará por ella -¡ah, pero en exclusiva!-  lo que pondría en solfa esta opción, porque no encaja con la generosidad en los rezos hacia todos los que les rodea que a estas personas se les supone,  y renueva, entonces, la opción primera del familiar o amigo. Y, al final, lo que acaba de despistar, es que este personaje también le diga a la niña que ella la puede consolar, incluso lo debe hacer…¿A quien debe consolar y quién debe hacerlo, ¡la niña a la madre!? ¿O es al revés y el personaje que canta ya no se dirige a la niña sino que se lo dice a otro personaje, -probablemente la madre-, y no a otro distinto y al que no se hace ninguna otra referencia?

En fin, que tanta ambigüedad abre muchas posibilidades y genera un cierto galimatías intelectual y un poco melodramático. No se si existe otra canción ligera que haya triunfado tanto -varias semanas en el numero uno de las listas en España- con una letra tan trágica, fúnebre y a la vez tan confusa. Aunque quizá fuera precisamente por ello, por lo insólito del mensaje. También es posible que ante la perplejidad que despertara, emergiera más la música, que era simple pero brillante, como la ejecución, y lo tapara lo suficiente como para no resultar un problema.

 

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2 pensamientos en “¡Cállate, niña!

  1. Sí que era confusa la historia de la niña de la canción. Lo más lógico sería que la niña llorara porque nadie la sabía consolar y no entendía nada de nada (como nosotros). Igual el coro …
    🎶tu la puedes consolar🎶 lo entonaban los observadores viendo su poca capacidad para lograrlo.
    Como otra vez escribiste no importaba lo que decían las canciones sino las emociones que generaban.

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