Ignorancia de España

El servicio mundial de la cadena pública británica BBC, entre otros realiza unos buenos programas de radio de casi media hora, dos veces al día, que a su vez aglutina en unos repasos de fin de semana. Son resúmenes, que titula Global News Podcast, que cuelga en Internet en forma de podcast,  en los que, conforme al criterio del periodista de turno refleja lo  más relevante o actual de lo que, a nivel mundial,  pasa por esa redacción. Al final del primero del día, emitido el 20 de febrero pasado,  titulado Dark Web Paedophile Jailed After Global Investigation, el periodista se disculpa, en nombre de toda la redacción, por un error cometido en la presentación de un entrevistado en un episodio anterior reciente, y que varios oyentes han señalado. El error en cuestión es que habían hecho italiano al tenor Plácido Domingo. Dada la propia magnitud del artista, el tiempo que lleva en el mundo de la ópera, y en concreto las muchas veces que ha debido actuar en Londres, efectivamente el error es importante. Y aunque ha sido subsanado -como el mínimo de profesionalidad y rigor exigía- no deja de ser un síntoma preocupante de la ignorancia que se tiene en el mundo sobre España y los españoles. La cual, probablemente, e independientemente de la mostrada por los periodistas responsables de esa emisión, responde a una falta general de interés por este país, para lo cual podemos encontrar  muchos motivos, desde los puramente históricos objetivos -España ya no es un imperio y sus acciones influyen poco en la geopolítica internacional- hasta los subjetivos, como la supervivencia de retazos deshilachados de propaganda, de cultivo de una leyenda negra, residuos de una vieja rivalidad formada al calor del temor a que aquél viejo imperio que fue, sometiera a los pueblos que lo rodeaban.

Estas son las razones que se me ocurren más probables para que se siga recurriendo en los medios internacionales, cuando se inicia una visión sobre nosotros, de manera más o menos sutil, como poco, como lo más anecdótico, al flamenco, las bailaoras vestidas de faralaes, los toros, o los tricornios de los guardias civiles -metáfora del gusto por la violencia- dejándose llevar por esa inercia por hacer de menos mediante la caricatura. Pero hay más, y de más enjundia, que resulta más hiriente y descorazonador, cuando se deja de lado una realidad que a la mayoría de los españoles nos parece evidente, el esfuerzo realizado y los logros alcanzados en el último cuarto del siglo pasado y lo que llevamos de éste, y especialmente -porque es como una enmienda borrón a la totalidad- cuando se pone en tela de juicio nuestra propia entidad como nación, como unidad política unida por los valores de libertad, democracia, paz y progreso.

Antonio Elorza hacía una reflexión, el pasado julio, donde repasaba episodios y controversias sobre este asunto, el mismo concepto de España, al hilo de la conmoción catalana que ya apuntaba, y aconsejaba huir de réplicas simplistas, y reconocer los hechos, los buenos y los malos. En definitiva: optar por la objetividad.

Y en el mismo sentido encuadro lo que contaba con un punto de indignación, cansancio y amargura, Antonio Muñoz Molina, poco después del pseudo referéndum catalán del 1 de octubre pasado. Él, que por trabajo y vocación ha pasado largos periodos viviendo en otros países, o visitándolos, y tenido mucha relación con una élite cultural y, como consecuencia, es un testigo excepcional de lo que se piensa de nosotros.

Recomiendo la lectura de ambos artículos y no caer en la melancolía. Los españoles sabemos mirarnos con sentido crítico, pero también reconocer nuestros logros. Si esa realidad no ocupa su lugar, otra lo hará, aunque no sea tan verdad – nosotros también conocemos bien la ruindad y persistencia del sambenito-. Así que toca insistir en el testimonio de la España que hoy somos, la que con tanto esfuerzo, y dejando a tantos por el camino, hemos logrado.

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2 pensamientos en “Ignorancia de España

    • Sí, hay personajes como éste que es difícil no pensar que sus acciones no responden a una estrategia defensiva, más que al conocimiento o implicación en el asunto del que tratan.

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