Coronavirus: Impresiones de una crisis inédita I

El sábado 14 de marzo de 2020 en Madrid empezó con un paisaje desconocido. Podía recordar por las calles semi desiertas a un lunes sobre las cuatro o cinco de la mañana con la ciudad durmiendo; todos los locales de hostelería y comercio cerrados, los muebles de las terrazas apilados, y un silencio espeso solo arañado por algún gato en celo, algún vehículo pasando recogiéndose con prisa, o un viento tenue que acunaba las hojas secas en los alcorques. La sensación era de estar hollando un terreno desconocido cuyas nubes negras sin embargo en el plano económico eran patentes, lo que impedía meterse en la cama en las condiciones necesarias para conciliar pronto el sueño.

Al día siguiente el sol calentaba las ventanas y las aceras, aunque prácticamente nadie se asomaba a las unas ni transitaba por las otras. La recomendación del Gobierno español de no salir de casa, si no era estrictamente necesario, ponía por delante un día totalmente hogareño: las pequeñas reparaciones domésticas pendientes, los armarios por ordenar, los libros por empezar o por terminar, las cartas por escribir…reclamaban la atención.

El Presidente había convocado a la prensa a las 14:00 para explicar los términos del decreto que el Consejo de Ministros estaba preparando sobre el estado de emergencia para hacer frente a la epidemia del coronavirus (Covid19), pero el retraso en la comparecencia no transmitía confianza en el resultado. Además, el hecho de que el Vicepresidente, que era lógico esperar que diera ejemplo de lo que proponía su Gobierno, se hubiera apuntado al Consejo rompiendo la recomendada cuarentena, provocada por el positivo de su mujer, no ayudaba. Era muy probable que se estuviera produciendo un enfrentamiento sobre las medidas a tomar y no sólo sobre la dimensión de las mismas. Al final, pasadas las 21:00, Sánchez compareció y supimos que el Consejo había terminado a las 18:00 y la concreción de las medidas económicas, la parte más sustantiva de lo que se esperaba, se había pospuesto al martes siguiente.

Finalmente ayer, tras un Consejo también muy debatido y prolongado sobre su hora de finalización, supimos por la comparecencia del Presidente, el alcance de las medidas que acompañarían a lo que ya se sabía -porque lo reflejaba un borrador que había circulado entre los periodistas los días anteriores- y se había concretado: principalmente que el Gobierno tomaba el mando en la gestión de la crisis sanitaria a nivel nacional, superando las competencias de las comunidades autónomas, conforme a lo previsto en la Constitución, y el confinamiento en sus casas de buena parte de la población. La dimensión del compromiso económico anunciado, la redonda cifra de 200.000 €, entre aportación directa y avales, junto a las iniciativas a favor de los más débiles del tejido social, fueron bien recibidos por los mercados que dieron un respiro a la Bolsa, que recuperó una parte de lo perdido hasta entonces.

Pero el impulso duró poco, apenas para tomar aliento, hoy, miércoles 18, de nuevo ha retornado a los números rojos perdiendo un 3,44 %, quedando en 6274,8. Teniendo en cuenta que hace sólo un mes flirteo durante tres días con los 10.000 puntos se puede calibrar el impacto que la epidemia ha tenido hasta ahora en la economía española.

Mientras, la mayoría de los ciudadanos hemos ido asimilando nuestro encierro voluntario, ya que ninguno tiene un guardia en su puerta esperando a que la abra -aunque hay excepciones y las patrullas de policía, Guardia Civil o el ejército ejercen su función disuasoria y en su caso la labor encomendada de impedir la ociosidad en la calle- y hacemos caso de la petición del Gobierno para que nos aislemos y de esa manera le quitemos los puentes al virus, paralizando su avance. Labor imprescindible para lograr impedir el colapso del sistema sanitario, que no puede absorber, ya saturado, una afluencia masiva de contagiados.

No obstante quedan en activo los que trabajan en sectores imprescindibles para hacer frente a la crisis, y en primera fila el sanitario ya aludido, pero también la seguridad, el transporte, el comercio alimentario, la limpieza y parte de la administración. A su lado muchas empresas que se lo pueden permitir porque la presencia física en buena parte de su actividad ya no es imprescindible, como la banca. Ello aminora el terrible efecto de una sociedad ralentizada pero no totalmente parada, porque eso equivaldría a lo que le ocurre a una bicicleta cuando se detiene, que pierde el equilibrio y se desploma.

Es difícil prever como va a evolucionar esta situación inédita, cuánto puede empeorar. Hay noticias de que podemos mantenerla durante semanas e incluso meses, habida cuenta de que la evolución del contagio no ha llegado a su punto culminante y aún no hay tratamientos médicos eficaces contrastados. Se busca una vacuna, y aunque China y Estados Unidos dicen que ya tienen una, los expertos opinan que no estarán disponibles para tratar a la población en muchos meses, es decir, cuando hipotéticamente esta ola epidémica ya haya pasado y nos encontremos a la espera de la siguiente. La OMS acaba de proponer un gran ensayo clínico a nivel mundial, y ello resulta esperanzador porque muestra la conciencia de lo imprescindible de una colaboración internacional para superar, en el menor tiempo posible, esta devastadora amenaza.

Mientras, espero que países donde el virus no ha llegado –ya quedan pocos– o están empezando a sufrir sus consecuencias, puedan aprovechar la experiencia de los que les precedemos, tanto las buenas -de momento parece que Corea del Sur se lleva la palma- como las no tan buenas.

Como toda realidad compleja, aun de las más negativas como ésta, tiene alguna arista positiva: espero, como mínimo, que la solidaridad entre extraños y la conciencia de que somos un solo mundo y una sola humanidad, que están emergiendo sobre la dificultad, el egoismo y el despropósito, se consoliden, y cuando controlemos el virus, tengamos un mundo mejor.

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