"Malvividos"

Es recurrente plantearse qué efecto tiene la difusión de las barbaridades, e inevitable en esa reflexión aceptar de partida un cierto grado de influencia en el comportamiento de los receptores. Ignoro las razones profundas, y supongo que tienen que ver mucho con la biografía de cada persona, pero sabemos que la imitación o la emulación actúan como aliciente para algunos. 

En la actualidad hay muestras de estas barbaridades todos los días, porque la inmediatez de la comunicación global nos las sirve en pantalla, y huelga decir que hay que tener tomada una firme decisión personal, que roza el aislamiento, para mantenerse alejado de éstas.

Sin entrar en el debate de si son noticia o simplemente carnaza, eludiendo por tanto al mensajero, lo cierto es que esos actos generalmente brutales, que nos desconciertan y nos suelen producir un dolor profundo y horror, se producen. No son un invento. Como tantas otras cosas, han existido siempre, aunque es difícil saber si en la misma medida, pero no llegaban tan profusamente a nuestros oídos y nuestros ojos. 

En cualquier caso, resulta muy difícil o imposible entender qué mueve a un progenitor a matar a sus hijos. ¿Qué puede ser menos entendible? A pesar de ello hay que reconocer que no se trata de un comportamiento novedoso. Puede haber dado ideas o haberlas hecho presentes, pero éstas ya estaban ahí. Si fue inmortalizado de manera áspera en la mitología clásica protagonizado por la mismísima figura de un dios padre -caso de Cronos– no nos debería sorprender. Pero lo hace, porque el tiempo ha pasado en gran cantidad desde entonces y han ocurrido muchas cosas, mucho conocimiento sobre nosotros mismos y mucha evolución de nuestra sensibilidad y nuestra conciencia de quiénes somos y cuál es nuestro papel en el mundo, y la vigencia de la mitología, su capacidad para anidar en nosotros y estructurar nuestras personalidades es residual…¿O quizá no tanto?

Cada vez que aparece un vástago como víctima -como ayer ocurrió en Logroño- me viene un primer adjetivo a la cabeza: malnacido, como mejor resumen de la miserabilidad que me inspira el progenitor, pero si lo pienso, reconozco que se queda corto, sólo trata de mi punto de vista, de lo que esa persona supone para mi. Buscando algo más descriptivo del propio individuo encuentro que “malvivido” lo define mejor, porque habla de alguien que ha sido anegado por la vida, que ha sucumbido a sus retos. Que probablemente alguna vez tuvo sentimientos puros, disfrutó de una caricia, jugó, fue generoso, leyó, amó…Pero en su biografía, de manera trufada, fueron entrando vivencias y conceptos erróneos, patrañas, ansiedades y angustias incomprensibles, venenos de efecto retardado que llegado un momento dado precipitan y colapsan, nublando lo que nos hace humanos, la racionalidad y la empatía, y propiciando así la tragedia. Presiento que en estos casos, no sólo son víctimas los inocentes, también los culpables.