Después de ti

Cuando he llegado a casa, a media tarde, la claridad de este día luminoso de primavera en el jardín, aún lo ocupaba todo. Me oprimía y me he refugiado dentro, donde tu ausencia omnipresente era menos insoportable. Allí, encerrado en mis pensamientos he ido recordando todo lo que habíamos hablado. No habíamos previsto que haría un día tan optimista -ha habido tantos grises este abril-. Todo lo demás como esperábamos: la mayoría de tus amigos, tu escasa familia y muy pocos de la mía, tan lejana en la geografía,  sorprendidos al final también por la rapidez de tu apagamiento. Mucha emoción contenida y un atisbo de rebelión ante lo inexorable.

He estado recogiendo algunas cosas, deambulando de una habitación a otra sin darme mucha cuenta, hasta que me he sentado en el sillón a observar de nuevo como la oscuridad de la noche entraba por las ventanas e iba anegándolo todo. Sólo un rato, hasta que he decidido encender la luz de leer de la mesita y poner unas cuantas veces la canción que tanto te gustaba The Only Living Boy in New York, “…Hey let your honesty shine, shine, shine… Like it shines on me. The only living boy in New York, the only living boy in New York”.

No se si aprenderé a vivir sin ti. Algunos no lo consiguen. Me he comprometido contigo a intentarlo y lo haré, cuando pueda. Ahora todo parece irreal, el decorado de una pesadilla.

Al final el sueño me ha vencido, como anoche, pero no he podido meterme en la cama.

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