Ara y Bruvi

Los osos, ahora, al final del verano, acostumbran a comer los frutos que proporciona el bosque donde viven. Les encanta que se ofrezcan así, generosamente colocados en las ramas de los arbustos y algunos árboles, como si estuvieran allí para que ellos llegaran y los cogieran. Pero antes, durante los meses anteriores de la primavera y el verano, comer no había sido tan fácil para Ara, una osa adulta y su osezna, Bruvi, sino que les había exigido un esfuerzo bastante mayor, sobre todo cuando habían tenido que escarbar en el suelo, cerca de los ribazos, para desenterrar ricas raíces, o en los troncos viejos, donde hacen su casa muchos sabrosos insectos. Por eso, en esta tarde luminosa en el bosque de media montaña, donde desde algunos claros de la ladera, se podía ver el valle, surcado por el río que nutría un lago resplandeciente, la mamá osa y su hija estaban muy contentas comiendo arándanos y moras. 

Bruvi estaba especialmente feliz. Había encontrado una larga rama de una zarzamora cuajada de frutos y se los había comido todos, no había dejado ni uno. Es verdad que había tenido que apartar otras ramas llenas de espinas que ocultaban y protegían a la que tenía tantas frutillas, pero con su espesa capa de pelos se sentía muy protegida, las espinas no conseguían alcanzarle la piel para arañarla. Tenía el hocico, eso sí, un poco negro, porque era muy glotona y se las había tomado muy deprisa, y el zumo de las moras maduras le había ido salpicando y churreteando por los carrillos. 

Tan ufana estaba que al avanzar hacia otro zarzal, despistada, tropezó en una raíz de un pino que sobresalía del suelo y se cayó de lado, comenzando a rodar por la ladera,  hasta que después de unas cuantas vueltas un arbusto la detuvo. No se había hecho daño al caer y hacerlo rodando le pareció muy divertido. Tanto que quiso repetirlo. Así que se incorporó y acto seguido se dejó caer sentándose y recostándose sobre la espalda…

– ¡Guauu, qué divertido, de pronto todo se mueve y el corazón empieza a palpitar más deprisa! ¡Qué emoción!

Lo hizo varias veces y después de la última, recostada boca arriba junto a una gran piedra que la había detenida en su rodadura, pensó que tenía que decírselo a su mamá, lo bien que lo estaba pasando. Se levantó y miró hacía arriba, pero no la vio. Trepó entonces hasta donde había empezado a jugar a dar volteretas pero allí no estaba su madre.

-¡Qué raro, si estaba aquí a mi lado hace un momento! 

Levantó la cabeza y se fue girando alrededor, escudriñando todos los arbustos y zarzales a ver si la encontraba, pero no, no había rastro de ella. Se sentó un poco asustada y se quedó pensativa…

– ¿Y ahora qué hago? Mamá no está y no me acuerdo donde está nuestra gruta.

Volvió a mirar lo más lejos que podía, volviendo la cabeza hacia todos los lados, sin conseguir atisbar a su madre…Incluso gruñó un par de veces levantando el hocico hacia el horizonte…

De pronto, se acordó de algo que ella le había dicho alguna vez: “Los osos no tenemos una gran vista como las águilas, ni un oído muy fino, como los búhos, pero sí un olfato excelente…” Así que se irguió, cerró los ojos y empezó a aspirar y espirar en intervalos cortitos y enseguida reconoció el olor de su madre flotando en el aire, mezclado con los de la resina de los pinos, la humedad de la tierra, y los restos de algunos jacintos…

Empezó a moverse siguiendo ese aroma. Subió un poco más la ladera, pasó bordeando un grupo de peñas y cada vez el olor era más intenso. Siguió por un camino en un claro, que bajaba un poco, entre matorrales, y se adentraba de nuevo en el bosque. El sol acababa de ponerse cuando llegó a allí. Otra vez en la oscuridad de la espesura la fragancia de Ara se hizo muy perceptible. Se detuvo un instante y en seguida reconoció no muy lejos una zona que le resultaba familiar. Había una gran roca semi enterrada, que sobresalía como una visera en un pequeño cortado; detrás estaba la gruta donde vivía con su mamá. Se acercó trotando y sí, allí estaba tumbada su madre, que la recibió con un gruñido y la mirada seria.

– Grrrrrr, ¡¿Qué, te parece bien haberte alejado de mi hasta que te perdí de vista!? 

Bruvi, compungida, bajo la mirada y se encogió un poco. Ara, dulcificó su gesto, pero todavía sería, le dijo:

– Te vi jugando a dar volteretas, pero no pensé que fueras tan temeraria de separarte tanto de mi. Te alejaste mucho bajando la ladera y eso es peligroso, todavía eres pequeña. ¿Qué hubiera pasado si te hubieras encontrado con un jabalí adulto y éste se hubiera asustado al verte y te hubiera envestido? Podía haberte hecho daño. ¿Has pasado miedo?

– Un poco, mami, cuando me he dado cuenta de que no estabas. Pero me he parado a pensar, como tu me habías dicho muchas veces, y he recordado que siempre me insistías en que utilizara el olfato para orientarme, para saber donde estaban, no sólo la comida, sino esos otros animales que pueden ser peligrosos para nosotras, los jabalíes, los lobos, y especialmente esos que se cubren con telas y llevan agarrado un palo por el que sale fuego…

– Podía haberte seguido -continuó diciéndole su madre- pero he preferido esconderme y vigilarte desde lejos para comprobar que has aprendido lo que tantas veces te he contado: que en las situaciones difíciles hay que pensar con calma y tomar la decisión más conveniente. Tú lo has hecho al decidir guiarte por el sentido más desarrollado que tienes, el olfato. Estoy orgullosa de ti. No te has puesto nerviosa y así has conseguido encontrar pronto mi rastro y volver a casa. Ven, acurrúcate a mi lado y dame un abrazo. Mañana te llevaré al río y te enseñaré un talud arenoso donde podrás practicar las volteretas que has aprendido a hacer hoy. Ahora duerme, que es tarde, para estar fresca y descansada con el alba. Buenas noches, Bruvi.

– Buenas noches, mamá.  

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Conversaciones imaginadas: Albert Rivera con su novia, Beatriz Tajuelo

_ Sí, lo sabía, pero no acabo de entenderlo. Pensaba que habría un orden cuando llegaran estos momentos clave, que organizaríais el trabajo de forma que hubiera un instante cada día en que se pudiera echar el cierre y hasta la mañana siguiente, aunque de nuevo hubiera que levantarlo temprano. No me parece sano que estés pendiente del teléfono hasta cuando duermes. ¿Qué ocurrirá si acabas siendo presidente del Gobierno?

Tienes, además, gente de confianza con la que te puedes turnar: no necesitas estar tú  atento a cualquier movimiento que hagan los demás.

Siento que sea así, pero lo llevo mal. Cada vez peor. ¿Cuántas veces hemos cenado juntos estas dos últimas semanas..? ¡Una, y llegaste a las once y media al restaurante, como hoy!

_ Tienes razón, Bea…Sí lo se, pero ya sabes que llevo un tiempo desbordado, nervioso…Esta iniciativa de apoyar al PP, a la que la ejecutiva me ha empujado, no me acaba de convencer…¡Tanta estrategia! Fernando y Juan Carlos lo tienen claro, hay que capitalizar nuestra fuerza, pero yo me encuentro entre la espada y la pared y la sensación cada vez más nítida, a medida que avanza el envite, de que prefería la pared. Ahora siento que estoy exponiéndome a unir mi suerte no ya a la del PP, sino a la de Rajoy.

Es verdad que España no se puede permitir una dilación indefinida con un Gobierno en funciones-lo siento así, mira hoy mismo, si no creo que el presidente del Gobierno español tendría que haber estado presente en la reunión con Merkel, Hollande y Renzi para tratar el futuro de la Unión, tras el triunfo del Brexit-, pero la impresión de que Rajoy se sale con la suya de permanecer y nos impone este calendario retorcido me quema, porque puede terminar acabando no sólo conmigo, también con Ciudadanos.

Yo no creo que con Rajoy al mando la corrupción sistémica se pueda erradicar como tampoco mejorar lo de Cataluña; lo he dicho veinte veces veinte en la ejecutiva y a los colaboradores, y a ti misma, porque creo, por un lado,  que es uno de los nodos de la trama,  no el principal, ni el origen, pero sí uno más de los beneficiados por los sobresueldos y, un poco a imitación de Franco, testigo de la corrupción de los demás, lo que crea una suerte de equilibrio sólido de contrapesos. Por el otro su irritante pasividad sólo ha hecho que crear independentistas. Parece que lo único que sabe es resistir -acuérdate del tuit a Bárcenas o cómo sostiene a Barberá- y que la justicia no logre y acabe estimando que hay pruebas definitivas.

_ Sí, ya lo se, pero tienes que enajenarte de vez en cuando del partido…Aunque sólo sea por lo que te he dicho alguna vez: que es la única manera de tener nuevas perspectivas que den lugar a nuevas ideas.

_ Mi primera opción ha sido siempre lograr un pacto constitucionalista de los dos grandes partidos con nosotros ejerciendo de elemento aglutinador y renovador. Eso consolidaría Ciudadanos, y en la medida en la que pudiéramos atribuirnos ciertas reformas nos haría crecer…Incluso podría hacerme presidente. Ya se lo dije a Pedro Sánchez, que si nuestro pacto no lograba el gobierno seguiría intentándolo. Aunque es verdad que este resultado en las segundas elecciones nos ha debilitado y nos aboca a este papel un poco mamporrero.

Con él he hablado hoy mismo, que me ha llamado para reprocharme que tenga a medio partido unido al coro que le exige que se abstenga y permita a Rajoy ser presidente de nuevo…Y he tenido que recordarle que ese acto de generosidad patriótica, de demostración de que el interés del Estado prevalece en su acción política sobre el legítimo también interés partidista o personal, es lo que juntos le exigimos al PP cuando el candidato a la investidura era él, y con la cara de cemento que los caracteriza contestaron “no” y abortaron esa iniciativa que con tanto esfuerzo habíamos logrado. Esa es la diferencia moral -le he dicho-: puesto en la misma situación tu no puedes hacer lo mismo…

_ ¿Y qué te ha constestado?

_ Que tras la segunda votación fallida de Rajoy del 2 de septiembre, espera el encargo del rey y que yo esté dispuesto a mantener esta actitud positiva, pero esta vez hacia su proyecto pactado con Podemos…

_ ¡¿No?!

_ Lo que oyes. Está empeñado en ser quien promueva el cambio constitucional que de encaje a los nacionalismos…

_ ¿Y se olvida de que necesita dos tercios y de la mayoría adversa del Senado?

_ Está convencido de que si en el Congreso logramos un acuerdo constitucional con los nacionalistas los populares serán incapaces de no aprobarlo.

_ Me fundes los plomos, ¡otro espíritu mesiánico! ¡Qué peligro! Anda, vamos a pedir que son las doce y cerrarán la cocina…

 

 

Después de ti

Cuando he llegado a casa, a media tarde, la claridad de este día luminoso de primavera en el jardín, aún lo ocupaba todo. Me oprimía y me he refugiado dentro, donde tu ausencia omnipresente era menos insoportable. Allí, encerrado en mis pensamientos he ido recordando todo lo que habíamos hablado. No habíamos previsto que haría un día tan optimista -ha habido tantos grises este abril-. Todo lo demás como esperábamos: la mayoría de tus amigos, tu escasa familia y muy pocos de la mía, tan lejana en la geografía, sorprendidos al final también por la rapidez de tu apagamiento. Mucha emoción contenida y un atisbo de rebelión ante lo inexorable.

He estado recogiendo algunas cosas, deambulando de una habitación a otra sin darme mucha cuenta, hasta que me he sentado en el sillón a observar de nuevo como la oscuridad de la noche entraba por las ventanas e iba anegándolo todo. Sólo un rato, hasta que he decidido encender la luz de leer de la mesita y poner unas cuantas veces la canción que tanto te gustaba: The Only Living Boy in New York, “…Hey let your honesty shine, shine, shine… Like it shines on me. The only living boy in New York, the only living boy in New York”.

No se si aprenderé a vivir sin ti. Algunos no lo consiguen. Me he comprometido contigo a intentarlo y lo haré, cuando pueda. Ahora todo parece irreal, el decorado de una pesadilla.

Al final el sueño me ha vencido, como anoche, pero no he podido meterme en la cama.

Viaje

Ocurrió de pronto. No podíamos tener la más mínima sospecha. Por más que supiéramos de sus obsesiones, para algunos veleidades, trastorno para otros, sarampión de juventud, o reacción ante una infancia plagada de casuística psicoanalítica de la que se describe en los manuales de Psicología, nunca imaginamos que esto acabaría así.

Ayudaba al despiste general el hecho de que en los últimos años apareciera mucho más asentado en su personalidad, más maduro, mostrando en sus juicios una sensatez y una coherencia que no le habíamos visto antes. Parecía haber superado una tras otra las pruebas que los avatares de la vida le habían colocado por delante. Era un hombre cabal, pausado, comprensivo, cariñoso, receptivo a su entorno, generoso…

La Guardia Civil está acostumbrada; no debe haber nada que no haya visto. Se dice que es  el cuerpo policial más riguroso instruyendo en España. Quizá por ello, el número de este expediente tiene esa letra al principio para distinguirlo, añadida a la de la provincia donde han ocurrido los hechos, en este caso SG de Segovia. Cuando lo leí, como un favor especial, porque como abogado de a pie tengo una bien cultivada buena relación con los oficiales de la mayoría de los juzgados, me llamó la atención la naturalidad con que su redactor, el sargento Sinforoso Barrero, relataba los hechos: “…Llegado el patrulla de la Benemérita, Z-178, con base en El Espinar, al lugar donde esperaba la persona que había hecho la llamada de emergencia, el punto kilométrico 91,8 de la Autopista del Noroeste, sentido Madrid, término municipal de Navas de San Antonio, a las diez y media de la noche (22:30) del domingo 7 de setiembre (sic) de 2014, veinte minutos después de recibida la llamada, encontró a una mujer de edad indefinida y aspecto juvenil, que se encontraba bajo una fuerte excitación. Solicitada su documentación resultó ser María Marta Balbás Valero… Requerida por los agentes personados manifestó que volvían a Madrid ella y su marido de pasar las vacaciones en Galicia, y que llegado al punto kilométrico donde se encontraba, ya habiendo anochecido, un foco de luz se había hecho presente justo delante del vehículo en el que viajaban, de tal modo que él, que conducía, había frenado de inmediato de manera brusca ante el temor de una colisión frontal inminente. Habiéndose producido dicha frenada en seco (consta en el atestado que las huellas del mismo alcanzan los 83,6 metros) el vehículo logró no salirse de la calzada y se detuvo, apagándose acto seguido todas las luces, tanto las interiores como la exteriores, así como el motor. Desconcertada y muy asustada observó como su marido, que se había quedado rígido, aferrado al volante, miraba atentamente durante unos instantes la luz que los cegaba, y después desaparecía, al igual que la luz. Manifiesta que gritó su nombre varias veces, presa de un ataque de nervios, sin obtener ninguna respuesta, hasta que fue calmándose en el silencio de la oscuridad, sobre todo desde que se dio cuenta de que ésta ya no era tan absoluta, porque había coches que pasaban y al hacerlo la iluminaban fugazmente. Se percató igualmente de que el vehículo que suponía en mitad de la calzada estaba en el arcén y tenía las luces de emergencia activadas. Sin atreverse a bajar del mismo llamó con su teléfono móvil al teléfono de emergencias 112. Insistió reiteradamente en que su marido viajaba con ella y conducía el coche. Buscado con linternas en inspección ocular en un amplio radio por la zona circundante no se apreció rastro alguno del mismo. Avisados los establecimientos habitados más próximos, la estación de servicio de BP sita 18 kilómetros antes, y el bar de carretera ‘Las Fuentes’, a 7 del lugar del suceso, en ambos declararon no constarles la presencia de ningún varón que requiriera auxilio o mostrara un comportamiento que les llamara la atención en esa fecha. Realizada allí mismo la prueba de alcoholemia y otras drogas a la mujer dio negativo.”

Sí, parece que definitivamente nuestro amigo Alberto logró cumplir su anhelado sueño de ser abducido por los extraterrestres. Cuando menos se lo esperaba, supongo. Hacía ya mucho tiempo que no hablaba de ello. Incluso alguna vez me pareció que no se sentía cómodo recordando aquella etapa de su vida, cuando junto con otros adeptos ayudó a construir un monasterio cerca de un pequeño pueblo, en una de esas abundantes zonas poco pobladas de la geografía española, donde todos esperaban que se produjera el contacto. O quizá no todos. Aquél que lideraba el grupo una tarde les dijo que se acercaba a comprar tabaco al pueblo y no volvió a aparecer, llevándose consigo en efectivo el capital que entre todos habían juntado durante los ocho años que habían dedicado a esa tarea, unos aportando sus ahorros, otros incluso sus herencias, malvendiendo los inmuebles para convertirlos en dinero contante y sonante.

A pesar de los pocos días transcurridos desde estos hechos, y en consecuencia que sea un caso abierto durante el tiempo reglamentario previsto, no tengo ninguna duda de que no va a haber nada más que contar, que no habrá novedades que expliquen la desaparición.

La X que precede al número del expediente -deduzco que el mando que decidió designar esta letra para identificar estos expedientes donde lo sobrenatural o inexplicable  desempeña un papel, era aficionado a esta serie norteamericana de televisión- presagia que transcurrido el plazo legal será archivado sin resolver. Del número, afortunadamente muy reducido, de expedientes X que tiene la Guardia Civil, ninguno ha sido resuelto.

Marta desde lo sucedido no ha logrado volver a dormir tranquila sin ayuda farmacológica. Cada día que pasa toma mayor conciencia de lo que le ha pasado, y la inicial duda de por qué no fue incluida en la abducción -al fin y al cabo ella también había participado en aquellos años de comuna y espera y allí conoció a Alberto- le ha seguido un aplastamiento anímico que la ha dejado como un zombi.

Nosotros, sus amigos, por nuestra parte, también le vamos a echar mucho de menos. Eran ya muchos años los que compartíamos con él un “txoko” -como lo dicen en vasco- en nuestro caso muy musical. Encuentros para conversar alrededor de unas viandas que nos preparábamos por turnos en una sana rivalidad culinaria, y que compaginábamos con el gusto por tocar música. Echaremos a faltar sus intervenciones reposadas y bien informadas, su interés por lo más profundo de nuestros sentimientos y su envidiada madurez musical en contraste con la nuestra, en esas horas de las acostumbradas tardes de los viernes que iban cayendo hasta la madrugada, entre canciones, críticas, confidencias, comentarios, exposiciones, aceitunas, anacardos y pistachos, aguacates y alcachofas confitadas, merluzas al horno y asados, repostería y frutas, chocolates y olores a jazmín y lavanda, taninos de Rioja y de la Ribera, cavas del Penedés con regusto a avellanas…

Pero seguiremos así, como si lo extraordinario de la vida fuera normal, como si no hubiera nada a diario que la perturbara.

La huida

Como un soplo de aire salió del dibujo del paisaje junto al borde que dejaba el macizo de pinos. Me quedé tieso, conteniendo la respiración, igual que debía hacer él, que también se había dado cuenta de mi presencia. Estaba a poco más de cincuenta metros. Nos miramos sin movernos, yo a mitad de bajada por un terraplén, él en mitad del camino al que me dirigía. Cuando después de pensarlo un momento eché mano al teléfono para fotografiarlo, se debió sentir amenazado y en un instante dio media vuelta y emprendió la huida. Lo vi saltar ágilmente por el cortado que llevaba al río y lo perdí de vista.

Pensé que cogería más abajo el sendero que de nuevo conduce al monte y procuré  seguirlo, manteniéndome  en la misma cota de la ladera para intentar observarlo más adelante.  Cuando pocos minutos después llegué a la vertical desde la que podía ver bien el sendero y más abajo, agazapado en la fronda, el río, no lo encontré. Estuve un rato detenido, buscándolo por el paisaje sin éxito. Deduje que los momentos que había tenido, después de desaparecer tras el cortado, le habían sido suficientes para darme esquinazo y retornar al monte.

Cuando ya optaba por desistir y volver sobre mis pasos, me di cuenta de que salía de detrás de unos frondosos tocones reverdecidos, muy próximos a la orilla del cauce. De inmediato me encaminé hacía allí dando zancadas por la ladera porque consideré que éste le cerraba el paso y, aunque huyera, podría verlo más de cerca. Procurar no caerme en mi carrera, fijándome donde ponía las botas, me impidió ver como lo cruzaba, ya que, cuando levanté la vista y lo vi de nuevo, estaba ya en la otra orilla y se internaba en el follaje de una alameda asilvestrada.

El cauce en ese tramo era ancho, con una profundidad que le calculo entre uno y tres metros, y además el agua bajaba con un respetable caudal, lo que me hizo preguntarme cómo podía haberlo pasado sin ser arrastrado por la corriente. Intenté seguirlo con la vista, pero en un momento lo perdí, así que me encaminé al puente que había más abajo, siguiendo el curso, para ver si él también había hecho lo mismo y me lo acababa encontrando al otro lado… Pero fue en vano. Cuando crucé y retorné hasta la altura donde lo había visto adentrarse en la espesura, no había rastro del cervatillo. Ni un chasquido en la maleza, sólo el silencio susurrante y esporádico de las hojas de los álamos sobre el murmullo del agua.

La caída de la tarde en la alameda

Protegidos por la espesura, los pensamientos se refugian a la sombra de los grandes álamos, dejándose mecer por la brisa.

La caída de la tarde en la alameda

Entre ellos serpentean anudándose unos con otros, en busca de la fecundidad.

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Algunos quiebran como esos troncos, ícaros en su intento de respirar más alto.

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Poco más allá, el agua del río rechina en las rocas mientras la tarde del final de agosto se escapa por el cauce.

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El día cede. Y el silencio se adereza con la algarabía de los insectos y los pájaros, mientras la vegetación, frondosa, inhala el aire como un tamtam profundo.

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Conversaciones imaginadas: Mariano Rajoy y su esposa Elvira Fernández

– No tienen la más remota idea de lo que supone ser presidente del Gobierno de España. La responsabilidad tan abrumadora que conlleva. El poco margen de actuación que se tiene. Estamos en una crisis económica que nos puede retrasar la prosperidad dos décadas y las líneas maestras de la actuación están marcadas fuera de nuestras fronteras.  Y es así porque si nos independizáramos el retraso sería aun mayor…

– Lo se, Mariano, me lo has dicho ya varias veces…

– Quieren sinceridad y cuando me muestro sincero y les digo esto, porque se que es así y lo siento así, en lugar de comprenderme, de mostrarme su apoyo, lo aprovechan para calificarme de mediocre e incapaz. Mi incapacidad es la de cualquiera que estuviera en mi lugar. A estas alturas ninguno de los países que estamos en el euro, en su sano juicio puede decirle que no a la Unión Europea, porque las consecuencias sobre la actividad económica y sobre la posibilidad de hacer frente a los pagos a los que nos hemos obligado, sería catastrófica. Se pueden mantener las formas, alargar las decisiones, arrancar pellizcos, disimular, pero no dejar de plegarse. Imagino que vendrán mejores momentos, porque éstos son peores que los peores que imaginamos, y entonces podamos reequilibrar algo nuestro papel, volver a intentar ocupar un lugar más importante en el grupo de nuestros socios.

– No te preocupes, lo estás haciendo muy bien, te lo dicen todos, incluso Obama…

– ¡Calla, no me hables de Obama, ni de Merkel ni de ninguno…! ¡Estoy hasta el gorro de todos ellos…! ¡Pues no resulta que ahora éste nos estaba espiando y con el apoyo de la otra! ¡Es que no hay una mínima decencia, que somos aliados! ¡Que les acabamos de dar el control militar total sobre el sur de Europa y el Estrecho con lo de Rota, y aún así nos espían! ¡Qué quieren saber más, si no tenemos secretos para ellos!

– No te pongas así, al fin y al cabo ellos en público te apoyan, y no son tus amigos…

– Ya, lo de José Maria es de vomitar ¡El muy soberbio! ¡Le debo estar aquí porque inopinadamente me eligió -¿te acuerdas que no nos lo esperábamos?-, pero el muy engreído no digiere que no le haga caso al pie de la letra en todo lo que me dice! ¡Pero si hasta Arriola empieza a estar mosqueado con él! Y, además se olvida de que el que ha aguantado dos legislaturas de Zapatero he sido yo, yo solito con Soraya, comiendo basura, merendando basura y cenando basura, que no contábamos ni para los nuestros!  ¿Te acuerdas de la noche del debate con Alfredo, que llegué a casa y tuve que tomarme un Valium? Perdí dos kilos en dos horas. El tío fue despiadado, dejó de lado que somos amiguetes, que nos tenemos simpatía, que coincidimos cuando nos toca sufrir viendo al Real Madrid, y me desnudó… Pero aguanté, no me sonreí de nervios una sola vez siquiera cuando sabía que lo que me estaba diciendo era verdad…E incluso me mostré agresivo cuando lo vi sin esperanza…Tenían perdidas las elecciones por méritos propios -me lo dijo él mismo antes de entrar a la vez que estaba dispuesto a ponérmelo lo más difícil que pudiera- ¿pero algo haría yo para asegurar la victoria, no?, repitiendo imperturbable la misma cantinela durante meses. ¡Y la gente me creyó! Y ahora este canijo chinchando… Siempre fue así, aparatoso y risible, desde que ganó la presidencia de Castilla y León. Cuando le veo tantas veces tan ampuloso no dejo de recordar a  Charlot caricaturizando a Hitler…

He soportado la tensión permanente con Esperanza, que aprovechaba la más mínima para hacer herida. ¡Hasta lo del helicóptero! Ya te advertí que para ella que lo de Valencia acabara saliendo bien fue un palo. Esperaba verme arrastrado por una derrota de Paco, pero el tío incombustible volvió a ganar con mayoría absoluta y desactivó esa baza que quería jugar,  haciéndose la abanderada de la decisión y la honradez en contraste con mi prudencia. Pero ahora no se si lograré volver a salir airoso. El asunto Correa y la traición de Luís son como bidones radioactivos, sólo puedes tener la duda de cuándo va a producirse la fuga definitiva, pero no que no lo hará. De hecho no se si ese momento ha llegado ya. ¡Y es que tiene bemoles, no queremos tocar las leyes que regulan la financiación de los partidos porque nunca es el momento y mientras… Qué se creen, que los políticos tenemos que vivir en la miseria! Cualquiera de los que hemos percibido sobresueldos hubiéramos ganado mucho más en la vida privada! ¡Era la manera mejor de compensarnos en parte de horarios interminables, siempre dispuestos a decir algo ante un micrófono, siempre pendientes de tener la sonrisa puesta y el gesto educado! ¡De tener que expresar una opinión formada sobre cualquier cosa! ¡No puedo ni soportar la idea de que tenga que dejar la presidencia del Gobierno por esta chorrada! Alguna embajada ya me ha tanteado y hasta sugerido… ¡hipócritas!

¡Mariano, déjalo ya!  duérmete, tienes que estar de pie en cinco horas, has de descansar…

¡Y Alfredito, que le ha venido dios Bárcenas a ver! No tenía nada; iba a pasar la legislatura en su páramo, mordiéndose los codos, y ahora se atreve a amagar con una moción de censura, a pesar de que no va a ganar nada, muy al contrario, puede perder y mucho y con él todo su electorado, si le sale bien.  Si yo me fuera dejaría a Soraya, pero probablemente no sería la candidata en las elecciones próximas, sino Esperanza, y no puedo entender que no se den cuenta de que ella sí que es rodillo ideológico y al rival ni agua. Los catalanes y los vascos sí que lo saben, por eso están tibios y no empujan. Y el ególatra de Ramírez…¡Es como el escorpión del chiste picando a la rana! No puedo creer que él crea que va a estar mejor con Esperanza!

¡Mariano, por favor, calla ya y duérmete; yo también necesito dormir! Y ya sabes que prefiero vivir en Aravaca, o si no en Galicia, o incluso en Santa Pola…