Barcelona versus Real Madrid en la Liga del 2010/11

 
¿Qué pasó anoche? La expectación casi como siempre, capaz de dejar vacías las calles y los restaurantes, los cines y las salas de fiesta, y llenos los bares con televisión de pago y los salones de las casas, pero el desenlace inesperado. Se suele decir que en el fútbol el resultado del juego es incierto y que eso lo distingue de otros deportes y lo magnifica respecto de ellos, pero siempre me ha parecido un argumento inconsistente. En ese aspecto el baloncesto es mucho más impactante donde casi en cada partido el ganador se resuelve literalmente en el último segundo. Quizás los jugadores del Real Madrid estaban impresionados por haber sido recibidos a pedradas, tan acostumbrados a ser mimados como ídolos. No es raro pensar que eso pudo haber influido en su ánimo, habiendo introducido dudas sobre su valía. No sabemos de qué manera les alecciona su entrenador pero si juzgamos por las manifestaciones que hace habría que deducir, más bien, que les insufla confianza en su poderío y habilidades…Fuera así, que Mourinho les disipara las dudas, o que no considerara necesario hacerlo, lo cierto es que salieron al campo con menos empuje y compromiso que sus rivales. Puede también que la bronca del graderío los impresionara, particularmente a los nuevos procedentes de países menos efusivos en sus manifestaciones o con estadios más pequeños.
Los dos equipos estaban tensos al comienzo, aunque el Barcelona, desde el principio buscó la portería de Casillas, y se mostró más enchufado, más confiado en sus posibilidades, quizás también condicionado por el miedo a repetir pasadas experiencias con equipos dirigidos por Mourinho. Parece que hubieran tenido la idea fija en la cabeza de que había que ganar el partido en los primeros veinte minutos. Presionaban sin descanso e interceptaban bien los pases dubitativos del Madrid; rara vez un balón suelto no acababa en sus botas y así, en un rechace, en el minuto 10, el genial Xavi Hernández se encontró frente a Casillas con uno que le venía desde la espalda casi vertical y, pensándolo, o sin pensárselo, le aplicó una contenida parábola elevándolo lo justo por encima de su compañero en la selección para conseguir el primer gol. Hay que decir para ser justos, que enfrente no tuvo al cien por cien de Casillas, ya que aproximadamente su cincuenta por ciento estaba protestando un hipotético fuera de juego. Esto acentuó más la sensación de los madridistas de no haber logrado entrar en el partido. El segundo gol llegó ocho minutos después tras una jugada en la que Villa supera a Ramos, su marcador, su compañero en la selección, al borde de la línea de fondo, lanzando el balón con un fuerte pase al área chica, que Casillas rechaza sin acertar a agarrarlo, yendo a caer en la trayectoria de Pedro, que entraba atento a lo que pudiera pescar y remató impecable e implacable. El Madrid estaba definitivamente fuera de un partido en el que nunca había logrado entrar.
Puede que a ello de igual manera contribuyera que los veteranos del Madrid estuvieran también atenazados por el síndrome victimista alimentado por la propaganda de su entrenador respecto a la arbitrariedad casera del árbitro, concentrados más en encontrar favoritismos que la línea mágica de un pase medio  gol. La realidad es que el Barcelona cada vez crecía más, se encontraba más confiado y actuaba coordinado, y el Madrid apenas funcionaba como un equipo. Sus líneas no enlazaban bien fallando pase tras pase, dejando jugadores aislados. Transmitían tan poca confianza que el propio Mourinho, su entrenador, apostó en el descanso por minimizar la derrota en esos términos –supongo que pensando en el valor del promedio en el futuro- cambiando a Ozil, creador de juego en la delantera, por Lass, recuperador de balones en la media zaga, y no acertó. Con ello estaba condenando a sus jugadores a una agonía cruel, convirtiéndolos en títeres desmadejados, incrédulos y heridos en su orgullo al verse obligados a perseguir balones de manera infructuosa, lo que hizo que muchos seguidores madridistas abandonasen su interés por ver el partido en sucesivas oleadas tras cada nuevo gol, hasta cinco, ya en el descuento. Sólo los jugadores no podían marcharse, condenados a agotar el tiempo de sufrimiento, y tuvieron que aguantar el chaparrón, propiciándose la emergencia de la frustración y la rabia. No hubo más roces porque entre buena parte de los jugadores de los dos equipos había una ligazón poderosa, como es la amistad y el respeto construidos al vivir momentos intensos de gloria compartida en las competiciones como miembros de la selección nacional.
​En mi opinión, Mourinho, que ha demostrado algunas cosas en su trayectoria profesional ha mostrado en este lance no haber comprendido el incremento de motivación que supone la identificación catalanista. En el minuto noventa, con cuatro goles a cero, tres jugadores estaban encerrando a Ronaldo en una esquina para impedirle la progresión o el pase. Eso es motivación. Sin entrar en la justificación lógica de la motivación localista, lo cierto es que en el Barcelona existe como en ningún otro ejemplo en la liga española. Por algo sus partidarios dicen que es más que un club. Si a la conciencia habitual de siempre, le añadimos la sensibilización política de los últimos tiempos, generada por toda la trayectoria del Estatuto y la coincidencia de las recientes elecciones, obtenemos un resultado de una gran carga emocional. El Real Madrid no es el Inter. El Real Madrid, equivocadamente o no, sigue siendo en el imaginario culé, la representación emblemática del centralismo prepotente. Si con otros entrenadores ajenos o tibios a estas razones, como los holandeses, de este sentimiento, esta motivación extra podía no fomentarse, con Guardiola en el banquillo ocurre lo contrario, sin olvidar el factor coadyuvante de que la mayoría de los jugadores con peso específico en el equipo proceden del caldo de cultivo de la Masía, incluido el argentino Messi. Da la sensación de que el entrenador del Real Madrid se ha ensimismado en sus estrategias perturbadoras y con ello ha facilitado el trabajo del contrario, que en el asunto de enfrentarse al Real Madrid no hay nada que les despiste. También da la sensación de que preocupado por engatusar al contrario ha dejado de concentrarse en su propia preparación, a la vista de la ausencia total de recursos mostrados para desactivar o compensar la superioridad abrumadora que demostró su rival desde el comienzo. Si verdaderamente es listo se habrá dado cuenta ya de que el madridismo, y muy probablemente sus propios jugadores,  no le van a perdonar este ridículo y bochornoso sufrimiento. Con lo cual, a los que nunca le han aceptado por no identificarle con los supuestos valores del madridismo de caballerosidad, deportividad y excelencia en el juego, esos que Pujol y Xavi precisamente han encarnado en su actuación de anoche y en las declaraciones posteriores, comprendiendo y reconociendo a sus rivales, se les unirán los que se conformaban con los buenos resultados y durará de blanco sólo esta temporada. Incluso ganando la Liga o la Copa de Europa. No sería el primer entrenador triunfador del Real Madrid cesado recién terminada la temporada. Sólo una derrota tan apabullante y bochornosa como la sufrida, infligida al rival en su visita al Bernabéu, posiblemente cambiara este sino, pero, entonces, el Real Madrid debería cambiar de himno o de nombre.
 

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