Lucía Cavestany XXII

– Es verdad. Tienes razón. Eso es lo que me viene angustiando, que no encuentro una respuesta satisfactoria a esa pregunta que ya me he hecho yo. Al margen de la respuesta lo que veo de manera diáfana es que mi equilibrio hormonal se dispara cuando te tengo cerca, como ahora, y la posibilidad de amarnos es real, está al alcance de nuestro cuerpo. ¿Crees que simplemente es deseo sexual en estado puro? ¿Que no hay interés por lo que eres, por lo que piensas, por cuáles son tus sentimientos? ¿Qué el cariño no está brotando, abriendo sus yemas por mis poros? ¿Tu sabes distinguir el delgado umbral que separa el amor del deseo en un primer momento como es éste? Hay rasgos que me hacen pensar que lo que se me ha despertado es amor, lo primero lo inusitado de este sentimiento que pasa de la euforia al desasosiego, que ya no recordaba, por otro, el convencimiento de que si no satisfago el deseo contigo ahora, me marcharé de aquí con la misma angustia, con la misma sensación de vacío en el estómago que he traído, pero que sí lo hago, si nos amamos, será aún peor, la sensación de desconsuelo cuando me separe de ti me anegará y sólo me quedará espacio en mis pensamientos para rememorar tus caricias, tus besos, el olor de tu piel, o la forma en que me hayas mirado al amarme, para sentir algún alivio.

– Calla, no sigas hablando así, por favor, aumentas mi deseo de sentirte dentro…

– Durante todo el día me ha venido a la cabeza repetidamente la estrofa de Serrat “…si alguna vez amé, si alguna vez después de amar amé, fue por tu amor, Lucía. Lucía…”

Lucía se acercó a él y le hizo el gesto de que callara poniéndole el dedo índice en los labios. Luego, colocando los dedos de su mano derecha en su nuca le atrajo la cabeza para besarle. Un beso prolongado que discurrió acompasado notando cada uno el golpeo de sus respectivos corazones en sus pechos, hasta que Lucía, separándose, le dijo:

– Vuelvo en quince días, para la Almudena. Nos podemos volver a ver entonces. Démonos tiempo. Pensaba salir a cenar con una amiga, pero si puedes, le digo que como con ella mañana, antes de marcharme, y nos vamos los dos a cenar. Yo invito. Tenemos mucha vida respectiva que contarnos.

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