Lucía Cavestany II

Intentó incorporarse pero el gesto le hizo presente un dolor que se agudizaba al inclinar la cabeza hacia los lados, como si lo que hubiera dentro fuera pesado y se desplazara de una pared a otra golpeándose contra ellas. Se dejó vencer y respiró hondo. Ya daba igual. No había prisa, al menos no demasiada. Podía esperar a despejarse un poco más. Era evidente que ella no estaba allí, excepto que estuviera metida en el baño, pero no lo parecía porque no se oía nada. Recordó que la había pagado con efectivo, pero ella le había dicho que podía hacerlo con tarjeta, lo que de inmediato le produjo un vahído de angustia…

¿Y la cartera, dónde la había dejado?

¡Claro, ella no estaba porque le había robado!

Se incorporó, a regañadientes con su cuerpo, y se lanzó hacia la ropa que yacía sobre la descalzadora. Buscó primero en el bolsillo de mano que llevaba, luego en los pantalones y luego en la camisa, pero allí no estaba. -¡La muy zorra!- masculló, mientras le propinaba un puñetazo como un mazazo al brazo almohadillado del sillón. Se dio media vuelta y se dejó caer en él, abatido, mientras el golpe en el sillón le retumbaba en el cráneo. Necesitaba resolver rápido qué iba a hacer…

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