Lucía Cavestany X

Tenía que irse a casa. Era muy tarde y allí ya no pintaba nada. Se vistió, cogió su bolsillo, repasó si se olvidaba algo, y por eso, comprobó con sorpresa que el armario tenía ropa colgada, y había una maleta guardada, y en el baño un pequeño neceser de viaje estaba depositado junto a un espejo. No se acordaba de haberlo visto cuando había entrado. Le extrañó, porque no se le hubiera ocurrido pensar que las putas pudieran tener una habitación fija en un hotel como ese, pero como no sabía nada de ese mundo, no le dio más vueltas. Lo prioritario era no despistarse y marcharse, volver a casa. Quería pasar la página, pero a la vez se sentía profundamente interesado en aquella mujer y los enigmas que le había dejado.  Así, según bajaba en el ascensor pensó que podía preguntar en la conserjería, pero -¿el qué? ¿Por el nombre de la persona que ocupaba ese número de habitación…?- No se lo dirían. No podía preguntar por su apellido para contrastar si era cierto porque no se lo había dicho. Lo habitual -suponía- era que Lucía fuera un nombre de guerra. ¿Qué iba a preguntar, por Lucía o Doña Lucía, de la habitación 334, a ver si por la cara del interlocutor podía deducir algo? Pero ¿el qué? ¿Qué estaba buscando saber? ¿Qué quería comprender? ¿Por qué no le había cobrado? ¿Por qué había desaparecido? ¿Si lo que había en la habitación le pertenecía?…

Cogió el taxi en la puerta, y ya enfilado hacia la Avenida de América, camino de su casa, volvió a repasar lo acontecido, e intentar reconocer qué sentimientos le embargaban. Se estaba diciendo que había tenido un encuentro con una fulana y ya estaba. Que nunca antes, con sus cincuenta y ocho años cumplidos, había estado con una puta, porque siempre le había parecido una inmoralidad, una manera de abuso, el aprovecharse de las circunstancias que ponían a las personas que se prostituían en esa disposición, pero bueno, tampoco era para rasgarse las vestiduras. En ese aspecto no se sentía bien, pero ella no le había parecido que estuviera forzada lo más mínimo. Además ¡qué puñetas! puede que no se acordara de nada de esa parte de la noche, pero no tenía la impresión de haber consumado una relación sexual. Eso deja rastro -se dijo- y no había encontrado ninguno cuando todavía en la habitación se lo planteó. En definitiva: no había hecho nada, no había consumado el encuentro, y como prueba tenía que ella le había devuelto el dinero…Pero según se lo decía, cayendo en la cuenta de su ingenuidad, su pensamiento voló a su cartera, donde había encontrado los billetes que le había dado y ahora le servirían para pagar el taxi, pero donde también estaban sus tarjetas de crédito…-Era eso ¡Cómo no lo había pensado antes! ¿Y  si había cogido sus tarjetas y había hecho un cargo  muy superior y por eso le había dejado los billetes?

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4 pensamientos en “Lucía Cavestany X

  1. Hola Jaime,
    he llegado hasta tu blog porque has visitado el mío, ¡muchas gracias!
    El Mirador de la Luna, qué nombre tan bonito. Veo que tocas muchas “teclas”, iré leyéndote poco a poco…
    saludos!

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