Lucía Cavestany XVII

Mi exigencia le colocó en el disparadero. Al principio quiso hacerme ver los inconvenientes que tendría para nosotros, personas que ya tenemos unas rutinas refinadas de trabajo y de ocio muy asentadas, que el nacimiento de un niño trastocaría radicalmente. Tenía razón,  pero como vio que no le estaba preguntando por eso, porque ya lo tenía yo muy pensado y asumido, sino por si él quería participar y estaba dispuesto a ser el padre, a asumir ese rol, explotó.

Deduzco que había una mezcla de ingredientes de efectos terribles sobre Jacinto, en ese momento: por un lado la duda sobre su identidad sexual, que, de pronto, al menos para mi,  se había despertado o radicalizado con la aparición de esa persona que lo atraía hasta conquistarlo, por otro la culpa que se derivaba de haber dejado crecer y mantener esa infidelidad oculta. Por eso aprovechó la posición tensa, de espaldas contra la pared, obligado a tomar una decisión, en que le había puesto, para soltarlo todo. Por cómo me lo fue exponiendo, noté cómo cada detalle, cada explicación le aliviaba. Llegó un punto en que me di cuenta de que todo lo que me contaba, que a él le liberaba de su peso, a mi me producía el efecto contrario, me iba cargando de dolor, y fui yo la que le cortó y le dijo que ya no quería saber nada más, que no estaba en disposición de poder compadecerme de él, aunque le ahorré, de nuevo, tener que tomar el timón de su rumbo. Inmediatamente en mi afán de escapar, de tomar distancia, pensé en el viaje previsto a Madrid del día siguiente, para firmar el contrato con vosotros, como la oportunidad que era de alejarme de un escenario asfixiante y doloroso. Le dije, que yo firmaría con los poderes el contrato y que tenía hasta el lunes para desaparecer de nuestra casa. Que ya resolveríamos otras cuestiones después.

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3 pensamientos en “Lucía Cavestany XVII

  1. Ayer por la tarde estuvimos paseando por Sitges. A ver cómo lo digo para que no hayan equívocos. Sitges es un pueblo pequeño. A mí la opción sexual de cada uno no me importa pues siempre me sitúo en el lado de la libertad, crecimiento y búsqueda de la felicidad de cada uno. Sin embargo la mayoría gay de sus terrazas y playas me hizo sentir como estar vestida en una playa nudista. Muy rara.

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    • Lo has descrito muy bien. Supongo que así es como se sentían los homosexuales cuando la excepción visible eran ellos. Lo malo, deduzco, es que hay lugares donde se concentran, como puede serlo esa parte de Sitges, porque se sienten acompañados, y ese acto de concentración puede acabar conviertendo el lugar en un gueto.

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