Lucía Cavestany XX

Se miraron los dos a los ojos y el deseo de abrazarse deshizo toda cautela previa. Se fueron aproximando y se fundieron en un abrazo prolongado del que fueron surgiendo caricias y besos que incrementaron su deseo de amarse, pero, Lucía, suavemente, acariciando la cara de Andrés con su mano derecha y empujándole, a la vez,  en el pecho con la izquierda, le dijo:

– ¿Y Paula?

– Sí, Paula -contestó él- . No creas que no la tengo en cuenta. Es el otro ingrediente importante, que aún no había mencionado, que me ha agobiado desde anoche.

Tengo una vida construida con ella, cuyas raíces se extienden hasta lugares o hechos que ni imagino. No son sólo los lazos familiares, obvios y que trascenderán nuestra existencia, nuestro hijo, son los amigos, muchos de los cuales lo han sido de ambos desde el origen, toda la órbita de nuestra vida…En nuestro caso es, además, el trabajo, del que los dos  dependemos en nuestro bienestar económico lo que se coloca en cuestión. Se me antoja imaginar una suerte de equilibrio que debiera generarse partiendo del actual, donde cada elemento encuentre su razón, su hueco, y no lo logro. Estoy asombrado del efecto tan desestabilizador que ha provocado tu irrupción. Todo lo que parecía asentado, aunque no tuviera tampoco conciencia de que fuera inmutable, ha saltado por los aires, sin saber aún cómo quedará cuando caiga, probablemente de una forma muy diferente y no exenta de dolor.

Al principio me he resistido a aceptar que quererte a ti implicaba renunciar a Paula. Lo siento injusto para ella. Hay pactos tácitos. Complicidades imposibles de sustituir porque se produjeron cuando era el momento de que lo hicieran…

Siempre he tenido ideas poco convencionales sobre las relaciones personales, sobre los derechos de propiedad o pertenencia que se devengan cuando se trata de relaciones de pareja en oposición a cuando se trata de amistad. La mayoría aceptamos que se pueden tener tantos amigos como se sea capaz de cultivar, muchos de los cuales se tienen porque nos aportan una cierta virtud o característica de la que estamos escasos o carecemos y nos complementan, porque son valientes, porque son sensatos, porque son cariñosos…Y, sin embargo, casi nadie acepta que en las relaciones donde interviene el amor físico, la sexualidad, se mantenga esa promiscuidad optimizadora. O mirando la otra cara de la misma moneda, somos capaces de compartirlo todo menos el deseo, que lo queremos en exclusiva: ser los únicos que deseemos y seamos deseados, que disfrutemos y seamos disfrutados sensual y sexualmente. Eso tenía sentido cuando la familia primitiva tenía como prioridad perpetuarse. A estas alturas, cuando esa no es la prioridad y además está garantizado el conocimiento de la línea genética, ¿no es un residuo anacrónico de comportamiento social?

Lucía, que se había vuelto a sentar en la cama y le miraba con gesto de incredulidad, le respondió:

– ¿Me estás hablando en serio?

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Un pensamiento en “Lucía Cavestany XX

  1. Buenos días!!

    A ver, ese enamoramiento podría ir fluyendo y si finalmente fuera tan intenso y “verdadero” Andrés debería llegar a esas tesituras pero, ese hombre, adolescente a pesar de la edad, está idealizando lo que no conoce… y es todo tan prematuro… De momento lo calificaré de platónico, si Andrés no me contradice 😀

    (Muy bien Jaime!!)

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