Canciones con doble sentido

En la reciente despedida de la periodista Gemma Nierga de la Cadena Ser apareció (Sittin’ On) The Dock Of The Bay, de Otis Redding, como una canción a la que ella no había mostrado especial aprecio en un momento dado, resultando que ahora sonaba acompañándola como introducción en el discurso de su marcha. Ella explicó la anécdota qué le había llevado a elegirla ahora, y ello me invitó a prestarle atención al texto y a recordar el caso de las falsas canciones de amor, o para decirlo de manera más precisa, de las canciones en que el conocer poco o nada el idioma en el que se canta, la música lo ocupa todo, excepto el trozo de imaginación que cada oyente aporta.

Ésta -que he escuchado cientos de veces- imagino que hay que tener un buen conocimiento del inglés para sentir el significado de su letra hasta el punto de que condicione el propio estado de ánimo. Si no, la música acapara la mayor parte de la atención y en consecuencia es la responsable en la misma medida del placer estético que produce. Lo que cuenta queda entonces en un plano menor y puede incluso desaparecer o ser sustituido. Si me pongo a cantarla recuerdo fácilmente el inicio: “Sittin’ in the morning sun, / I’ll be sittin’ when the evening come” , pero soy incapaz de seguir, porque nunca lo he hecho con conciencia y por tanto no la tengo en la memoria. No se me escapaba que hablaba de la indolencia: ” Sentado al sol matinal, aquí seguiré cuando llegue la noche…” e imaginaba perfectamente a un negro adulto como Redding con pantalones remangados, sentado en uno de esos pantalanes de madera sujetos al fondo por troncos que sobresalen para ayudar como noray en los amarres, mirando indolente el horizonte.  Pero veo ahora al leerla que había también un reproche al destino, a la ausencia de oportunidades para alguien así, nacido en Georgia -e implícitamente negro- y emigrado a California en busca de una vida diferente.

Pero el caso es que esta canción la bailábamos apretaditos en la oscuridad de las discotecas, henchidos de amor, imaginando otras cosas muy diferentes y olvidando su real significado.

Quizá el caso más paradigmático sea el de In The Ghetto que supuso la vuelta de Elvis Presley a la atención discográfica mundial tras una ausencia prolongada, cuya letra de un carácter eminentemente de denuncia social, era de las preferidas para amartelarse y compartir sudor y besos a un ritmo de mecedora, en los momentos lentos de los guateques y las discotecas…¡Qué más daba el “And his mama cries…” que muchos sí entendíamos a la primera! ¡¿Para qué  expurgar en el crudo mensaje de inexorabilidad del destino del niño que nace para morir joven alcanzado por una bala certera, tirado sobre una acera -mensaje muy similar al anterior de Chicago-?! …Al fin y al cabo tampoco había entonces tantas canciones con un ritmo lento que nos permitieran bailar sintiendo la palpitación del cuerpo del otro. ¿A quien le interesaba entonces la injusticia social, los dramas urbanos o las minorías como para ponerlo por encima de un buen rato de crepitar adolescente?

Así, sólo la música, sus quiebros, sus modulaciones, sus silencios, sus infinitos matices ocupaban el espacio haciéndolo vaporoso y denso,  al tiempo que acompasaban el latido de nuestros corazones, dejando el mensaje para otro momento.

Para algunos estas canciones habrán cambiado, serán otras, pero en cambio para otros el sonido de sus primeros compases les evocarán momentos vividos de agradable recuerdo, y según donde les toque escucharlas les tentará alargar la mano e invitar a un baile, manteniendo en el olvido su original y verdadero significado.

Economía sí, pero primero salud

La contaminación en Madrid, como en otras grandes urbes, esta asociada principalmente al tráfico, una vez que el uso de combustibles fósiles altamente contaminantes, como el carbón y el fueloleo en las calefacciones y la industria han sido o prohibidos, o sustituidos o mejorados tecnológicamente. Es, en consecuencia, la movilidad privada, la principal causa de contaminación ambiental en las ciudades, y en especial del aire.

El número de muertes prematuras asociadas a la incidencia que esta toxicidad tiene sobre las personas más vulnerables, en asociación con otras enfermedades que atañen principalmente a los sistemas respiratorio y circulatorio, o debilidades relacionadas con la edad, es escandaloso (400.000/año). Al margen de las reservas que una cifra tan redondeada y abultada pueda despertar, lo cierto es que no hay más que salir a la calle a dar un paseo para tomar plena conciencia de la basura que respiramos.

Da igual por qué barrio se haga a efectos de tener esta percepción, aunque sin duda los hay más y menos contaminados, dependiendo de diversos factores, como la altura, el índice de edificación, la dirección predominante del viento… Hace poco decidí acudir andando a un médico situado en la confluencia de las calles Joaquín Costa y Velázquez. Para los que no conocen Madrid, estas dos vías forman parte de esos ejes arteriales que recorren la ciudad con gran intensidad circulatoria, pero ya en una zona alta y que fue periférica en tiempos pasados, y desde donde muy cerca, como consecuencia de ello,  se extiende un enorme barrio de colonias de chalés o edificios de poca altura, es decir, donde la densidad circulatoria casi desaparece en las estrechas calles, y donde los jardines y la vegetación son abundantes. Hacía buena tarde y apetecía ese largo paseo que me haría adentrarme en esas callejuelas arboladas y tranquilas, dándome ocasión de observar jardines y habitats relajados, y en ocasiones, envidiablemente sugerentes y armoniosos. ¡Pues no conseguí quitarme de la pituitaria el desagradable olor a tubo de escape, aunque me llegara mezclado con fragancias vegetales que ya asomaban por doquier, dado el calor prematuro! Me preguntaba esa tarde cuánta basura respirarían aquellos que se lanzan a correr por las calles si yo, que estaba realizando una actividad tan moderada como caminar a un ritmo normal, me sentía envenenado en cada inhalación.

Es fácil entender que las personas no quieran renunciar a hacer una vida normal, que incluya el ejercicio físico al aire libre allí donde viven, pero cuando el aire que se respira está muy contaminado, y esto es una realidad contrastada, se produce un disloque de la lógica que provoca asombro. Hacer ejercicio es saludable, pero no tanto, o nada en absoluto, si el precio es introducir en el torrente sanguíneo sustancias altamente tóxicas que más adelante pasarán factura.

Se trata, por tanto, volviendo al principio, de un problema de salud pública cuya solución colisiona con una demanda de movilidad cada vez más exigente y muy relacionada con el desarrollo de la actividad económica. Difícil dilema por la complejidad de factores que concurren, que para mi sólo puede inclinarse a favor de una solución en la que prevalezca la salud, y cuyas decisiones han de tomarse ya, precisamente porque deben respetarse los tiempos para no causar un perjuicio mayor que el que se pretende evitar. Para que las adaptaciones necesarias se produzcan sin causar ese daño, el primer paso es establecer compromisos en el calendario, de acuerdo con los imprescindibles informes técnicos. Fijar la prohibición de circular por el centro de las ciudades a los vehículos diesel en 2025, sin entrar en si esa cita puede anticiparse o debe postponerse, es un buen ejemplo. Áreas de actuación: mejora del transporte público pensando en la ciudad del futuro, con su plan realista de inversiones, lo que de manera obligada conllevará cambios en la actual estructura de transporte y suministro de mercancías, así como en la de recogida de residuos. Apuesta igualmente por la optimización de los recursos y el desarrollo de la masa verde, estudiando todas las propuestas que van en la dirección de una ciudad sostenible y saludable.

Puede que la alcaldesa de Madrid no tenga a su servicio el mejor aparato de comunicación. Como puede que no despierte las simpatías de la mayoría de los medios, pero ella y su equipo de gobierno municipal son los primeros que han demostrado tener una sincera sensibilidad por la salud medioambiental de esta ciudad, y tomado decisiones, como la restricción que de nuevo mañana (11/3/2017) se establece, que hacen prevalecer la salud sobre otros intereses, por muy legítimos que también sean.  El futuro de Madrid, como el de toda pequeña o gran ciudad, sólo debería ser sostenible y límpio, porque eso es lo mejor para todos, incluidos los que ahora se muestran contrariados y quejosos.

Trump

 

En España, al final de la dictadura de Francisco Franco, cuando fue hospitalizado y se deducía por el deterioro de su salud que moriría pronto, hubo numerosas personas que compraron botellas de champán, de cava o de cualquier otro vino o licor, según sus preferencias y posibilidades, y las guardaron celosamente en la nevera o en lugar resguardado y a mano, para abrirlas cuando se produjera su fallecimiento y así celebrarlo. Algunos las tenían compradas desde mucho antes. La razón obvia es que consideraban esta muerte un paso inevitable y necesario para que la posibilidad de acceder a la libertad política y con ello a un futuro muy diferente para el país se abriera paso, y en consecuencia un acontecimiento merecedor de ser celebrado. En el plano más sentimental es fácil imaginar que a la vez significaba dar cauce a una mezcla compleja de sentimientos, donde quizá el que menos se produjo fue simplemente de alegría, más bien de alivio y satisfacción, al presumir haber alcanzado una situación desconocida hasta entonces, fruto de la desaparición del principal agente origen de una amenaza y de un mal. Los hubo también que lloraron amargamente esta muerte, supongo que entre ellos la mayoría de los que acudieron a contemplar su féretro expuesto durante algo más de dos días en el Palacio Real y ellos sabrán por qué, aunque de éstos, algunos lo hicieron para sentir también la satisfacción de ver al enemigo convertido en cadaver.

En principio no parece que sean sentimientos muy edificantes, moralmente irreprochables, de los que pueda uno sentirse orgulloso, sentir satisfacción y alivio por la muerte de un ser humano, haberlo deseado incluso, pero lo cierto es que surgen y es verdaderamente muy difícil apartarse de ellos. Y no solamente en el complejo entramado de poder que se establece entre las personas, cuando su resultado es que una mayoría se ve sometida a la voluntad de unos pocos, de forma gravosa y dañina para los propios intereses y anhelos, y sin capacidad para poder oponerse sin riesgo cierto de dejarse la vida en el empeño, porque no se consienten los cauces políticos y legales para ello, como son las dictaduras, sino también en sistemas políticos democráticos como el de Estados Unidos de América, donde sólo hay que esperar cuatro años para desbancar mediante unas elecciones al presidente en ejercicio, y hasta hay mecanismos en su ordenamiento jurídico que hacen posible el cuestionamiento de su integridad y validez y acabar expulsándolo del puesto, como no hace tanto le ocurrió a Richard Nixon. Quizá porque se piense que cuatro años es un periodo demasiado largo -incluso cuatro días- si lo que se espera del titular presidencial como consecuencia lógica de sus hechos anteriores es precisamente todo lo contrario a las más profundas convicciones propias no sólo políticas sino morales, a lo que razonablemente se considera comportamientos dignos y justos.

La idea viene seguida: un amigo, un familiar, bellas personas, conocidos creadores, políticos honestos, aquellos que ayudan, que se entregan, que guían, que emocionan, que nos  hacen mejores y sentir orgullo de ser humanos, que los coge una enfemedad y en un pis pas se los lleva. Las enfermedades no distinguen, no seleccionan, no se informan, no ven las consecuencias…Pero por eso mismo, a veces aciertan. ¿Cuánta miseria y cuántas muertes se habrían dejado de producir si Hitler hubiera enfermado de un cáncer fulminante en 1934?

Yo no me lo voy a permitir, desear que una enfermedad le siegue la vida, porque sería aceptar que este nuevo presidente estadounidense ya ha logrado alcanzarme con su veneno, pero sí deseo y espero vehementemente que sus correligionarios, que dominan las dos cámaras, hagan bien su trabajo -esa capacidad del sistema democrático para compensar el paso de la incompetencia por el gobierno de la que escribía Innerarity hace poco- y no le permitan destrozarlo todo. Y no deberían demorarse. Por mi parte compraré una botella de champán, que pondré a enfríar con la esperanza de poder abrirla pronto, antes de que el grueso de esa devastación se haya consumado.

Catástrofe

Había otras palabras que sintetizaban lo culminado con el resultado de las elecciones presidenciales norteamericanas del pasado 8 de noviembre de 2016, para titular este comentario, como debacle, sorpresa, hundimiento, desolación…Pero ninguna me parecía que concentrara tantos rasgos definitorios coincidentes con lo sucedido como ésta, que se suele emplear principalmente en relación con hechos naturales destructivos, muy dañinos para el ser humano o su entorno.  El paralelismo con éstos se me hace evidente: por un lado se sabe que pueden suceder, aunque dificilmente se dejen fechar con exactitud -como ocurre con el gravísimo terremoto que se prevé desencadene el ajuste de las placas tectónicas de la falla de San Andrés-. Las advertencias sobre su peligrosidad y toxicidad en los medios de comunicación habían sido reiteradas y unánimes desde que se supo que él, Donald Trump, había logrado la candidatura por el Partido Republicano en la carrera presidencial, exceptuando los que como él se alimentaban de mentiras o medias verdades. Por otro lado cabía la posibilidad de que los agentes impulsores, algunos desconocidos o muy dificilmente detectables en su magnitud, o las circunstancias, acabaran desactivando su desencadenamiento, lo que permitía un cierto grado de esperanza de que no llegara a producirse. Y estaba, claro, el paralelismo con las consecuencias, la proyección del acontecimiento en el futuro, también muy imprevisible en su magnitud pero no en su caracter destructivo y dañino.

Así pues, al final se ha consumado. No ha sido suficiente todo lo argumentado en su contra durante todos estos largos meses de campaña, ni siquiera el conocimiento de los hechos repudiables que ha protagonizado a lo largo de su vida, además de conocer en vivo y en directo los insultos y desprecios que ha dedicado sin ningún escrúpulo a mujeres, negros, hispanos, aliados, y en general toda persona que se cruzara en su camino; había suficientes espíritus afines entre el electorado, incluso entre esos grupos,  como para activar los resortes de un sistema electoral complicado que propicia aupar a la presidencia a quien no ha obtenido la mayoría de los votos. Pero no era sólo eso. No sería justo sacar la conclusión de que toda esa masa electoral que lo ha preferido son personas tan ignorantes y mal educadas como él. Ha habido otros factores.

Para empezar hay que tener en cuenta que su rival no tenía un gran atractivo, ni político ni personal. Considerada por propios y extraños como fría y alejada de la gente, Hillary Clinton no ha logrado convencer de que a cambio era la personificación de la inteligencia, del conocimiento de los problemas y la eficacia en la gestión, o de su compromiso con los grandes valores. El fiasco incomprensible del uso de las cuentas de correo a través de su propio servidor, el luctuoso caso del consulado en Bengasi, o incluso sus poco diplomáticas reacciones ante provocaciones menores sufridas en el ejercicio de su cargo como Secretaria de Estado, no han contribuido a fomentar el prestigio de su capacidad, al que su sustitución por Kerry a mitad de presidencia quizá tampoco ha ayudado. A ello hay que añadir las revelaciones en campaña sobre sus manejos oscuros para tapar los errores y excesos de su marido, que la han asociado con una cierta predisposición a las soluciones turbias.

También ha contribuido la crisis de la democracia representativa a nivel mundial, relacionada con el bien alimentado hartazgo de los políticos por parte de los votantes reales y potenciales, motivado por la reiterada ausencia de concordancia entre lo que se ofrece en los mítines y en los programas electorales y se acaba finalmente realizando en los despachos, aderezado casi siempre con grandes dosis de burocracia, cuyo ejemplo más relevante es el propio legado incompleto de Obama.

Igualmente poco contribuye a la confianza del electorado, que al fin y al cabo son los ciudadanos, el que se estén produciendo cambios en el mundo de gran relevancia en economía y medio ambiente, que afectan a la organización de su vida y a sus expectativas, y de manera especial al futuro de su progenie, y nadie considere de una necesidad imprescindible explicar con detalle y paciencia, sus beneficios y sus costes.

Si además concurre que se produce una campaña en la que todos los medios considerados elitistas y personas famosas cuyo estado de privilegio es a menudo insultante, se muestran partidarios del candidato que representa el aparato del Estado, ya no resulta tan difícil comprender las ganas de hacerle un simbólico, pero muy efectivo, corte de mangas a todos ellos. El voto es todavía el arma cargada de futuro de los que se sienten marginados del poder y la fama.

¿Y ahora qué queda? El dolor de la decepción y la incredulidad, -escribo aún sintiendo una tenue esperanza de que podría despertarme y dejar atrás la pesadilla- que dejan paso al desconcierto ante el futuro y al miedo. Miedo real y fundado dado el delicado equilibrio internacional de poder, que mantiene al mundo preservado de un conflicto violento generalizado, aunque también sea verdad que hay aspectos de la realidad que no hay que dejar de lado, empezando por que las dos cámaras, Congreso y Senado, dominadas ambas por el aparato del Partido Republicano, donde hay que dar por supuesto que hay personas que piensan y están preparadas, ejercerán de hecho un control eficaz al poder ejecutivo de la Presidencia -eso sí, siempre que su titular respete las reglas- lo que hace improbable que las líneas maestras de la política exterior norteamericana cambien radicalmente, o en el ámbito interno se logren soslayar las que ya hay solidamente establecidas en la economía mundial -se me hace impensable, por ejemplo, que Apple acepte fabricar en USA y sus compradores acepten pagar un importante tanto por ciento más por sus productos-. Pero esto es especular, aunque los precedentes son muy desalentadores.

Al final, como después de cada catástrofe, con la importante peculiaridad de que esta acaba de empezar, toca oponerse a la adversidad, reconstruir aprendiendo de los errores, con el objetivo de mantenerse firme y mejorar lo que ya existía, el consenso ya alcanzado por muchos sobre algunos valores, como la libertad, la democracia, la igualdad y la solidaridad, para que si volviera a darse algo parecido -y lamentablemente hay más casos esperando su turno y esto les ha dado un espaldarazo- los daños sean menores y la recuperación más rápida.

Referendum en Colombia

Anteanoche, cuando pasaban 36 minutos de las doce y recibí la noticia de que en el referendum colombiano sobre la aprobación del acuerdo de paz, negociado durante cuatro años entre el gobierno y la guerrilla de las FARC, había ganado el “no”, confirmado dos minutos más tarde por otra cadena, sentí alivio. En medio ví como en Twitter, una amiga a la que tengo por bien informada y con criterio se lamentaba de manera amarga del resultado.

¿Por qué mi alivio y la pesadumbre de ella? ¿Por qué si a ambos, estoy seguro, la guerra nos parece abominable y como consecuencia lógica e inmediata queremos la paz, reaccionamos de manera casi opuesta?  Creo que lo que nos ha diferenciado es el precio que cada uno ha considerado que una sociedad debe estar dispuesta a pagar. O diciéndolo de otra manera: qué principios nos han parecido irrenunciables y cuáles o qué parte de algunos una sociedad muy amenazada, aun con el mayor esfuerzo, debería estar dispuesta a ceder a cambio de la paz.

En los días anteriores a la votación ya había pensado que en los partidarios de la aceptación del acuerdo apreciaba un cierto síndrome de Estocolmo, tan comprensible entre las víctimas, que luego, en mi opinión, ha sido confirmado por la mayoría que ha votado esta opción en las zonas más afectadas…¿Pero y los demás, los que sin haber sido víctimas directas defendían el voto afirmativo, qué más los movía? Me decía que una mirada al futuro, un deseo perfectamente comprensible de disfrutar de unas oportunidades vitales no condicionadas por la amenaza de una violencia imprevisible e incontrolable, el aseguramiento de los beneficios inherentes a la paz, la libre e intensa circulación de personas, el optimismo, una economía floreciente en todos los niveles, no sólo en los pocos que se aprovechaban de las hostilidades.

Sabiendo y compartiendo esos argumentos, que el mejor futuro pasa por ellos, por que se cumplan, me preguntaba también qué consecuencias trendría para este futuro la aceptación de un acuerdo que implícitamente vulneraba las bases de una convivencia democrática, como es el respeto escrupuloso a las leyes, a los acuerdos de funcionamiento que una sociedad ha creado para regir el comportamiento de sus individuos. Me preguntaba en concreto qué consecuencias tendría en la sociedad colombiana el que los que despreciando esas normas hubieran adoptado otras propias, entre las cuales no hubiera ninguna que impidiera hacer todo el daño posible a unos también creados enemigos, con el fin de conseguir e imponer al resto unos objetivos políticos, que efectivamente se hubieran dedicado en cuerpo y alma a ello durante cincuenta y dos años, y que viéndose incapaces también de alcanzarlos de esta manera, finalmente lograran un acuerdo con las víctimas que les permitiera reintegrarse y volver a ese marco de convivencia que abandonaron,  y no pagar el sobreprecio de las consecuencias de esos actos, como si nada hubiera pasado ni a nadie hubiera afectado. Como una pesadilla que al despertar se desvanece. ¿La propia asunción de responsabilidad y publicidad de la tragedia serviría de suficiente escarmiento para todos, o dejaría el poso del ejemplo válido conforme a sus resultados y propiciaría que otros quisieran aventurarse a probar ese camino?

Puede que el ser humano haya superado, o esté en fase de hacerlo, al menos colectivamente, los rasgos estímulo/respuesta descubiertos en la investigación de Pavlov, y pueda dar respuestas complejas a estímulos también complejos, pero si al nivel individual no es así, si todavía es vigente la conclusión de que lo que hace que un individuo no acerque en exceso la mano al fuego es que ya lo ha hecho anteriormente o ha visto a alguno hacerlo y sabe cuales son las consecuencias, los que eligieron a conciencia la violencia para imponer ideas e intereses y despreciaron en mayor o menor medida las consecuencias en las vidas de todas sus víctimas, no pueden dejar de ser juzgados, sometidos a las mismas normas que rigen para todos los demás individuos que forman parte de la sociedad en la que quieren reintegrarse. Se perdería el efecto de conocimiento ejemplarizante. Y no sería justo al dejar de ser  igualitario. Habría un trato de favor inducido por la amenaza y me resulta muy difícil creer que esa injusticia tuviera la capacidad de ser en el futuro un buen caldo de cultivo de una sociedad sana y próspera.

El asesinato, la extorsión, el secuestro, el lastre económico…Todo espantoso, pero no dejo de tener un profundo e inevitable sentimiento de que la sociedad colombiana estaba siendo forzada a aceptar un chantaje, que la paz de la normalidad y el futuro tenían el precio de aceptar la desigualdad ante la ley, una desigualdad no justificable sino viciada, la necesidad de asumir que debían producirse excepciones, y eso no me parece un precio aceptable, por lo apuntado antes, la mala semilla que siembra.

Me hubiera parecido diferente y mejor la vía de haber alcanzado un compromiso para que soberanamente, aunque fuera teniendo en cuenta de manera inexorable la terrible realidad existente, los legisladores colombianos hubieran introducido matices o correcciones en su código penal que facilitaran y promovieran la reinserción de los automarginados, con tratamientos más benevolentes o ajustados a sus realidades concretas, pero sin eliminarlos, sin ahorrarles el paso por la justicia y sin ningún tipo de privilegio de otra índole, lo que tendría la virtud de atañer a todos, de ser leyes para todos y así evitar en gran medida la negativa excepcionalidad, la insoportable y perversa impunidad subyacente…Pero, puedo estar equivocado, sobre todo cuando no hay que olvidar que hay algo que pende inoculado sobre todas las conciencias en Colombia y es muy pesado de remover: que la excepcionalidad de triste y desacreditada memoria ya se practicó.

Conversaciones imaginadas: Albert Rivera con su novia, Beatriz Tajuelo

_ Sí, lo sabía, pero no acabo de entenderlo ni aceptarlo. Pensaba que habría un orden cuando llegaran estos momentos clave, que organizaríais el trabajo de forma que hubiera un instante cada día en que se pudiera echar el cierre y hasta la mañana siguiente, aunque de nuevo hubiera que levantarlo temprano. No me parece sano que estés pendiente del teléfono hasta cuando duermes. ¿Qué ocurrirá si acabas siendo presidente del Gobierno?

Tienes, además, gente de confianza con la que te puedes turnar: no necesitas estar tú  atento a cualquier movimiento que hagan los demás.

Siento que sea así, pero lo llevo mal. Cada vez peor. ¿Cuántas veces hemos cenado juntos estas dos últimas semanas..? ¡Una, y llegaste a las once y media al restaurante, como hoy!

_ Tienes razón, Bea…Sí lo se, pero ya sabes que llevo un tiempo desbordado, nervioso…Esta iniciativa de apoyar al PP, a la que la ejecutiva me ha empujado, no me acaba de convencer…¡Tanta estrategia! Fernando y Juan Carlos lo tienen claro, hay que capitalizar nuestra fuerza, pero yo me encuentro entre la espada y la pared y la sensación cada vez más nítida, a medida que avanza el envite, de que prefería la pared. Ahora siento que estoy exponiéndome a unir mi suerte no ya a la del PP, sino a la de Rajoy.

Es verdad que España no se puede permitir una dilación indefinida con un Gobierno en funciones -lo siento así, mira hoy mismo, si no creo que el presidente del Gobierno español tendría que haber estado presente en la reunión con Merkel, Hollande y Renzi para tratar el futuro de la Unión tras el triunfo del Brexit- pero la impresión de que Rajoy se sale con la suya de permanecer y nos impone este calendario retorcido me quema, porque puede terminar acabando no sólo conmigo, también con Ciudadanos.

Yo no creo que con Rajoy al mando la corrupción sistémica se pueda erradicar como tampoco mejorar lo de Cataluña; lo he dicho veinte veces veinte en la ejecutiva y a los colaboradores, y a ti misma, porque creo, por un lado,  que es uno de los nodos de la trama,  no el principal, ni el origen, pero sí uno más de los beneficiados por los sobresueldos y, un poco a imitación de aquello que se dice de Franco, testigo de la corrupción de los demás, lo que crea una suerte de equilibrio sólido de contrapesos. Por el otro su irritante pasividad sólo ha hecho que crear independentistas dejando que su discurso falaz, sin contra argumentos, crezca como una bola de nieve. Parece que lo único que sabe es resistir -acuérdate del tuit a Bárcenas o cómo sostiene a Barberá- y que la justicia no logre y acabe estimando que hay pruebas definitivas para una condena firme.

_ Sí, ya lo se, pero tienes que enajenarte de vez en cuando del partido…Aunque sólo sea por lo que te he dicho alguna vez: que es la única manera de tener nuevas perspectivas que den lugar a nuevas ideas.

_ Mi primera opción ha sido siempre lograr un pacto constitucionalista de los dos grandes partidos con nosotros ejerciendo de elemento aglutinador y renovador. Eso consolidaría Ciudadanos, y en la medida en la que pudiéramos atribuirnos ciertas reformas nos haría crecer…Incluso podría hacerme presidente. Ya se lo dije a Pedro Sánchez, que si nuestro pacto no lograba el gobierno seguiría intentándolo. Aunque es verdad que este resultado en las segundas elecciones nos ha debilitado y nos aboca a este papel un poco mamporrero.

Con él he hablado hoy mismo, que me ha llamado para reprocharme que tenga a medio partido unido al coro que le exige que se abstenga y permita a Rajoy ser presidente de nuevo…Y he tenido que recordarle que ese acto de generosidad patriótica, de demostración de que el interés del Estado prevalece en su acción política sobre el legítimo también interés partidista o personal, es lo que juntos le exigimos al PP cuando el candidato a la investidura era él, y con la cara de cemento que los caracteriza contestaron “no” y abortaron esa iniciativa que con tanto esfuerzo habíamos logrado. Esa es la diferencia moral -le he dicho-: puesto en la misma situación tu no puedes hacer lo mismo…

_ ¿Y qué te ha constestado?

_ Que tras la segunda votación fallida de Rajoy del 2 de septiembre, espera el encargo del rey y que yo esté dispuesto a mantener esta actitud positiva, pero esta vez hacia su proyecto pactado con Podemos…

_ ¡¿No?!

_ Lo que oyes. Está empeñado en ser quien promueva el cambio constitucional que de encaje a los nacionalismos…

_ ¿Y se olvida de que necesita dos tercios y de la mayoría adversa del Senado?

_ Está convencido de que si en el Congreso logramos un acuerdo constitucional con los nacionalistas los populares serán incapaces de no aprobarlo.

_ Me fundes los plomos, ¡otro espíritu mesiánico! ¡Qué peligro! Anda, vamos a pedir que son las doce y cerrarán la cocina…

Desinformación

 

Al final la táctica se impuso sobre el interés del país: la XI legislatura concluyó en aborto.

La estadística no debe mostrar suficientemente el hartazgo que nos produce a los ciudadanos este frenazo en el desarrollo de la normalidad política, como lo es seguir avanzando en la resolución de los problemas, la mejora de las condiciones de vida y el aumento de las oportunidades de toda índole, en definitiva sustentar la esperanza de las generaciones en el futuro, porque los datos que haya ofrecido sobre este asunto no parece que hayan sido tenidos en cuenta. Hartazgo al que contribuye esa disolvente sensación de inevitabilidad de lo ocurrido, de que no tenía remedio, de que con esos mimbres protagonizando la escena era imposible obtener el cesto, todo lo cual tanto debiera preocuparles a los políticos, por lo que supone de alejamiento de lo público, de retracción de los individuos a sus asuntos exclusivos, de pérdida de interés por lo común y aumento del ombliguismo y la insolidaridad, y en definitiva de retrato de sí mismos.  Cualquier político honesto, cuyo fin primordial fuera mejorar la sociedad en la que vive, debería temer y evitar ese panorama -el rechazo de esa sociedad o en el mejor de los casos su falta de complicidad,  su indiferencia- como el peor posible para lograr ese objetivo…Pero no parece ser así aquí en España ahora, sin que me consuele echar un vistazo allende estas fronteras, donde puede ser peor.

Precisamente hay observadores alejados que aprovechan esa circunstancia para desarrollar opiniones muy interesantes sobre las razones del fracaso, como la baja calidad -ya apuntada- de los protagonistas políticos, dada la pérdida de prestigio y reconocimiento económico que tiene esta carrera, que desincentiva las vocaciones de los más capaces o mejor preparados. O sin centrarse en las personas, reconocer que el devenir político, a pesar de las dificultades evidentes -crisis económica y crisis de identidad- tiene una inercia de funcionamiento democrático no desdeñable, amparado por la pertenencia a la Unión Europea, y por tanto la situación no es tan grave como lo era tras la muerte del dictador Franco, donde una decisión equivocada conducía al abismo, lo que permitiría un cierto grado de irresponsabilidad de los actores.

Como complemento a estas interpretaciones, que en buena medida comparto, a mi me llama especialmente la atención y me acongoja, la pobre calidad del mensaje que se maneja. Es probable que sea la propia estructura actual de la comunicación lo que lo propicie, que se desarrolla en cauces diferentes a los que conocíamos los que crecimos antes de la llegada de esta evolución tecnológica, cada vez más urgida de ser inmediata y mínima, cuyo paradigma es Twitter y sus 140 caracteres, y en consecuencia carente del filtro de la imprescindible sedimentación. También el uso generalizado de las redes sociales y los medios digitales, al que todos accedemos y deja a los profesionales flotando desperdigados en esa marea. Pero, sobre todo, la responsable es la propia renuncia de los políticos a comprometerse con la emisión de un mensaje nítido y completo que los defina, que exponga adecuadamente su pensamiento y su programa, las medidas concretas mediante las cuales pretenden alcanzar los objetivos que proponen. Sus itinerarios. Parece que se sienten cómodos ahí, en la superficie, chapoteando en esa sopa de mensajes simplones, de lugares comunes, conscientes de que no definirse los beneficia. Y con ello muestran lo poco que confían en la capacidad del electorado para entender argumentos complejos. Claro que tambíen puede ser que ni siquiera ellos entiendan tales argumentos, por ejemplo los económicos, y por tanto se sientan incapaces de reproducirlos o defenderlos sin quedar en ridículo.

Como sea, lo cierto es que a los receptores de información lo que nos llega siempre son slóganes, que apenas definen nada, cuando no sencillamente son invitaciones al despiste, a tragar bulos, o en el mejor de los casos medias verdades, lo que en definitiva no es más que una visión parcial de la realidad y en consecuencia son en buena parte una falsedad.

Todo esto me produce una desconfianza importante hacia los candidatos. Me empiezo a preguntar  sobre sus verdaderas intenciones, principalmente si defienden los intereses comunes o los suyos propios o los de sus afines. También qué concepción del futuro colectivo tienen, no sólo el nuestro local, cuya importancia e interés para mi, disminuye proporcionalmente con el rápido empequeñecimiento del espacio planetario, al impedir con ello eludir los efectos de lo que otros en el otro extremo del globo deciden, sino por tanto, cómo creen que debe ser el mundo, qué normas deben regir la convivencia política y la actividad económica internacional.

Con todo ello cumplir con la obligación moral de participar votando se convierte en una tarea pesada de discernimiento, de desbroce, empezando por las habilidades de los candidatos a la exposición mediática. Sin duda los hay muy capaces de engatusar por su simpatía, su gracia personal, su capacidad de seducción en la distancia corta, su imagen personal más o menos afin a los cánones que cada uno entiende como propios…Pero eso es paja. Lo importante son sus convicciones profundas y su capacidad y determinación para lograrlas y de eso encuentro demasiado poco para ser suficiente.

Recomendación

En este momento histórico convulso, donde entre otras muchas actividades económicas, el periodismo está sufriendo en su carne los cambios traumáticos a los que le obliga la rapidez del cambio tecnológico y su influencia en los comportamientos, reconforta encontrar ejemplos de un trabajo riguroso, que supongo pausado, artesano, deudor del tiempo necesario para llevarlo a cabo y que pueda cumplir todas las expectativas que del mismo cabe albergar, lo que ya considero que es una rareza, algo contra corriente. Estoy cansado y apenado de encontrar a menudo crónicas o noticias mal redactadas en los medios electrónicos, que obligan a ser releídas para poder entender su sentido, incluso con frecuentes faltas sintácticas y a veces ortográficas, seguramente por dejadez o premura, por no revisar, o confiar en la revisión automática. En este panorama lo que voy a recomendar lo siento como un oasis.

Se trata del programa de Radio Nacional de España (RNE) Documentos RNE que se emite los sábados de 15:00 a 16:00 y por Radio Exterior de España los domingos de 14:00 a 15:00 UTC.

Comenzó su emisión el año 1999 llamándose Fin de Siglo. Dirigido por Juan Carlos Soriano, y redactado por el mismo, junto a las habituales Julia Murga, Modesta Cruz, y Mamen del Cerro, locutado con maestría y encanto por la propia Modesta Cruz y realizado por Mayca Aguilera y Miguel Ángel Coleto, se ocupa, en formato documental sonoro, de personajes y acontecimientos que han protagonizado la Historia de España de los últimos siglos, atendiendo a un criterio muy variado, interesante y ameno. Y sustentándose en guiones y realizaciones exquisitas, bien alimentadas cuando procede por los ricos archivos de la casa. Puede descargarse en formato podcast, para escucharlo cuando se desee, además de en la propia sede web de RTVE.

He elegido como ejemplo para esta ocasión el episodio dedicado a las Pioneras de la Ciencia en España, el emitido el pasado 19 de marzo, aunque bien podría haberse adelantado una semana y haber coincidido en la misma, como homenaje, con el Día Internacional de la Mujer.

Este programa, con una clara vocación de servicio público, contribuye a un conocimiento más profundo y completo del devenir y la realidad que han conformado y constituyen este país que llamamos España.

Policía de barrio

La experiencia del ejercicio de su puesto de las nuevas alcaldesas, Manuela Carmena y Ada Colau, cabe pensar que no está siendo todo lo satisfactoria que ellas hubieran podido esperar. Claro que nunca se sabe del todo cuales son los sentimientos que acompañan a alguien que no teniendo esa idea en su cabeza poco tiempo antes, se presenta como cabeza de lista en unas elecciones a un gran ayuntamiento, como son los de Madrid o Barcelona, y sale elegido, si es muy pragmático y logra la satisfacción obteniendo al menos el 25 % de lo adelantado en su programa, o incluso se contenta con lograr desactivar todo o buena parte de lo perjudicial, desde su punto de vista, que su antecesor haya permitido o puesto en marcha durante su gobierno.

Como en el caso de Carmena -en el de Colau no estoy tan al tanto- la oposición y los medios que le son más o menos afines, no le han dado ni el mínimo de cortesía para que tomara conocimiento pleno de los asuntos de su competencia, no es descabellado pensar que no puede estar muy contenta, independientemente de cuales sean ahora tras el aterrizaje, y aproximándose al cumplimiento del primer año de mandato,  mermados o ampliados, sus objetivos políticos.

Digo esto porque llevo alargando el plazo para publicar esta petición, que antes de que lograra el puesto ya me rondaba trasladarle por si lo conseguía, más que nada por no contribuir a cargarle con más peso del que pudiera soportar, y porque no parezca tampoco que me añado a sus críticos.

Pero ya metido en faena no haré más preámbulos: Madrid -y probablemente cualquier ciudad grande- necesita una policía municipal de barrio, o si se prefiere llamarlo así, de proximidad.

Esta es mi petición: agentes a los que se les asigne un área manejable de actuación y,  aunque haya que arbitrar medidas para evitar contaminaciones no deseadas -como quizá que  cambien de distrito periódicamente- recorran sus calles a pie a diario, cumpliendo con la función de observar, vigilar, tomar nota y actuar para ayudar al cumplimiento de las ordenanzas municipales y la ley en general.

Recorrer así las calles tiene el beneficio de lograr el conocimiento técnico y directo de la realidad que se coloca bajo su control y en muchos casos el de la actuación inmediata, evitando las ilegalidades o minimizando las demoras en su solución, y al tiempo el establecimiento de una deseada relación de confianza mutua entre los ciudadanos y las personas encargadas de su protección, al ser éstas vistas y tratadas a menudo, y en consecuencia ser bien conocidas y percibido el beneficio de su presencia. La función principal de esos agentes sería por tanto ser visibles y estar presentes para contribuir a la convivencia.

Temo que habrá quien al leer esto inmediatamente deduzca, descontextualizándolo,  que propongo un Estado policial…No es mi intención.

Parto de la idea básica de que cualquier Estado democrático se dota de leyes para ejercer esa democracia. Si están bien hechas facilitan y promueven la convivencia. Para ello deben cumplirse sin excepciones, sin privilegios, y por ello dicho Estado delega el poder recibido del pueblo en diversos cuerpos de agentes de la autoridad. Así consigue evitar justamente que cualquiera pretenda tomarse la justicia por su mano o hacer prevalecer sus intereses injustamente sobre los de los demás porque sea el más fuerte…

Claro que se puede pensar que el estadio de control  actual es suficiente, el mejor de los posibles, que una cierta cantidad de anomalía, de transgresión, de disfunción social es inevitable y sus perjuicios menores que el agobiante sentimiento de estar vigilado… Es posible, pero me cuesta quitarme de la cabeza la sospecha de que tal sentimiento parte de aquellos que intuyen o saben que su comportamiento en ocasiones es abusivo o ilegal,  que imponen sus intereses a los de los demás, y son los que abrazan vehementemente esta idea liberal y abanderan el rechazo al control.

Por otro lado, la existencia de esta policía cercana no impediría que los ciudadanos ejerciéramos nuestro derecho a proponer, reclamar o denunciar lo que consideráramos oportuno, pero sin perjuicio de ello, asignar y encargar esta función a un cuerpo especializado parece que ofrece mayor garantía de que las normas que nos hemos dado, que en definitiva son el entramado donde sustentamos nuestra convivencia,  se cumplen.

Si hacemos un repaso a la vida en una ciudad veremos que son muchas las áreas de actuación donde una presencia policial amable y constante reportaría beneficios inmediatos.

Por empezar por algún sitio, las terrazas de la hostelería, que tanto han proliferado tras la entrada en vigor de la última ley antitabaco, para que cumplan en cuanto a ventilación con lo que ésta les exige, además de ajustarse a la Ordenanza municipal correspondiente en lo relativo al urbanismo:  correcta ocupación del espacio público, protección de la vegetación en los jardines…

Abundando en el aspecto de la ocupación abusiva de las aceras, se pueden mencionar muchos más ejemplos: los setos y enredaderas que se dejan crecer hacia fuera del límite  de las

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Preciosa frondosidad que perturba el tránsito por una acera ya de por sí estrecha.

propiedades, impidiendo muchas veces el tránsito normal de los viandantes;  las obras que acotan tanto su espacio que no permiten transitar o por el contrario no señalizan o vallan correctamente, resultando peligrosas;  los vehículos de todo tipo que estacionan en ellas o infringiendo el Código,

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Camión del servicio municipal de limpieza aparcado ocupando completamente un paso de cebra.

desde los camiones de reparto hasta las motocicletas;  los cubos de basura que se dejan o no se recogen cuando deben, o todo tipo de objetos y muebles que algunos abandonan en mitad de la calle con el fin de deshacerse de ellos.

Intentamos tener un entorno físico amable para todos y eso pasa por espacios para transitar de tamaño suficiente y libres de obstáculos, teniendo en cuenta que, aunque minoría, una parte importante de la población necesita ayudarse con ruedas u otros medios para hacerlo, bien porque usa carritos de la compra, coches de niños, sillas de ruedas, andadores o bastones.

¿Y las extracciones ilegales de ventilación y aire acondicionado, que los transeúntes no sólo descubren por la presencia estética que afea la fachada de los edificios, sino porque al paso les alcanza una bocanada desagradable de frío o calor?

¿Y los ruidos?  Por un lado las entidades y empresas que disponen de megafonía, como los colegios, en los que parece que se ha puesto de moda que la usen a diario repetidas veces poniendo música para señalar las pautas de sus horarios, sobrepasando su ámbito e invadiendo el que les rodea. Por otro los vendedores ambulantes que aupados a una furgoneta, también con megafonía, dan la murga soltando una y otra vez la retahila de sus servicios. A la vez esas motocicletas, las pequeñas que pedorrean agriamente el aire porque se les ha modificado el escape silencioso original para ganar potencia y algunas enormes que igualmente trucan el suyo para que trasladen ufanas el repicar de sus grandes pistones explotando, haciéndolo retumbar…O los conductores que convierten su vehículo en una discoteca y tan extravertidamente la comparten…

Desde el punto de vista de la vigilancia, quiero pensar que la presencia de esta policía, detectaría antes alumbrado o semáforos que no funcionan, desperfectos en aceras o

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Rama rota por un vendaval nocturno veraniego.

calzadas, fugas de suministros, y haría disminuir el vandalismo en general propiciando, por ejemplo, impedir su colocación y eliminar toda la cartelería que últimamente prolifera amarrada o pegada al mobiliario urbano, como anuncios comerciales o particulares de toda índole.

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No impedirían seguramente las pintadas, por la dificultad para pillar a los autores con las manos en el aerosol, pero su limpieza sería más inmediata.

Sobre otros comportamientos no deseados, esperaría que contribuyeran a la prevención de las situaciones tensas que a veces produce el tráfico, como cualquier otra de las actitudes violentas que pueden darse en el trajín diario por las calles,  incluida la de género -ojalá-, y desde luego impidieran los de aquellos que muestran poco aprecio, sensibilidad o respeto por el bienestar de los demás,  como los que dejan las deposiciones  de sus perros donde caen, o los que no sienten vergüenza por hacer las suyas en la calle -más infrecuentes pero en ascenso- o los que montan bullicio en las puertas de los bares u organizan botellones o meriendas en el primer rincón que pillan, dejándolo todo sucio.

La plasmación de esta propuesta para llevarla a cabo con los medios personales que precisa tendría otra consecuencia positiva: exigiría generar  puestos de trabajo, bien por acceso directo o por recolocación generacional, lo cual en el momento económico que vivimos encuentro de gran interés.

Diecisiete meses

Mi niña, me sobrecoge saber que ya no estás.

Tu brutal ausencia me hace preguntarme si tenías que haber venido

a este mundo tan salvaje aún, para ser sometida al arbitrio miope,

a la negra suerte.

La vida que se devora a sí misma te ha elegido.

¡Qué insoportable imaginar tu susto,

tu ignorante asombro,

tu vértigo fugaz!

¡Qué dolor tu pena!

Me gustaría decirte, si pudieras entenderlo,

si te hubieran dejado tiempo para entender de qué va esto,

que tu muerte no es en balde,

que nos deja inoculadas semillas de compasión,

deseos de disfrutar por ti,

contigo,

lo que tu no has podido…

¡Qué dolor tu calor perdido!

 

 

Paisaje_en_el_Parque_de_Doñana,_España,_2015-12-07,_DD_17

El sol de poniente sobre Doñana

Autor de esta foto: “Diego Delso, Wikimedia Commons, Licencia CC-BY-SA 4.0